Turf pasó por Barcelona: El momento en el que todo comienza de vuelta
Hitazos, pasitos y una fiesta inolvidable en la Sala 2 de Razzmatazz con la energía de Joaquín Levinton a tope y una banda que suena mejor que nunca.
No hubo lugar para aburrirse. No hubo un instante para parar. En la sala 2 de Razzmatazz, el martes 14 de abril, Turf dio un show intenso. Mucho argentino en la sala, una lista for export y un clima que acompañó desde el arranque. La previa de la banda peruana Kanaku y El Tigre sumó un contraste más atmosférico (y novedoso), pero la cosa cambió cuando salió Joaquín Levinton.
“Este año ha pasado de todo, sacamos un disco, casi me muero…”, dijo entre risas y alivio. La referencia a “casi me muero” no fue un recurso exagerado. Joaquín Levinton viene de atravesar un episodio serio: en diciembre de 2025 sufrió un infarto agudo de miocardio mientras estaba en un bar en Palermo. Lo trasladaron de urgencia al Hospital Fernández, donde le colocaron un stent para desobstruir una arteria. La recuperación fue buena, pero el impacto quedó. Por eso, verlo otra vez al frente de Turf en Barcelona, activo, enérgico y conectando con el público, sumó un peso distinto a la noche.
El comienzo fue directo: “Gatitas y ratones”, “No se llama amor”, “Disconocidos”. Sin pausa. Después “Cuatro personalidades”, “Casanova” y “Malas decisiones”, donde invitaron a subir a Cristina, una fan española que salió del público, y que cantó un ratito justo antes de la ovación. Abajo dele escenario, y arriba (Joaquín Levinton al frente, Leandro Lopatín en la guitarra, Fernando Caloia en batería, Carlos Tapia en el bajo y Nicolás Ottavianelli en los teclados) ya estaban todos en llamas.
Ya está por venir
Hubo un tramo más liviano con la referencia a Coldplay antes de “Magia blanca”, pero el quiebre real llegó después. Como buen ilusionista (tal como lo bautizó Lopatín), Levinton pidió celulares arriba y lucecitas encendidas: “Cierren los ojos y piensen que yo soy Chris Mardel (sic)”. Con “Kurt Cobain” la banda ya estaba completamente desatada, y en “Loco un poco” pasó lo que termina definiendo la noche: Levinton se subió a la barra, la recorrió como una pasarela, se metió entre la gente y saltó al mosh. Hubo empujones, cuerpos encima, agua volando.
“Todo x nada” y “Pasos al costado” mantuvieron esa energía. Antes lo habían avisado: “a partir de este momento el show se va a re pudrir”. Y fue bastante así.
La versión al palo de “Lamento boliviano” (el clásico de Los Enanitos Verdes) fue más que oportuna. El homenaje sonó un día después de la muerte de Felipe Staiti, guitarrista de la banda mendocina, y una figura clave del rock latino. “Felipe está aquí presente”, dijo Levinton.
El cierre fue a más con “Quieren rock” (de Intoxicados) y “Yo no me quiero casar, ¿y usted?”. Y ahí sí, el remate de Leandro Lopatín, sin filtro: “Aguante los argentinos viviendo en Barcelona, aguante Messi, aguante Maradona. ¡Aguante Argentina, la concha de su madre”. El show prometía ser un quilombo y cumplió. Hasta el año que viene.
Fotos: Pau Roca

