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LAMBCHOP: volver a lo esencial para encontrar algo nuevo

Kurt Wagner y compañía regresan con Punching The Clown, un álbum tan despojado como ambicioso que encuentra en la voz, los coros, el banjo y la guitarra una nueva forma de hacer inmensa la música. Se publica el 21 de agosto a través de City Slang.

Treinta y tres años después de poner en marcha Lambchop, Kurt Wagner todavía tiene preguntas. Y, sobre todo, todavía tiene ganas de buscar respuestas. En 2024, mientras manejaba por Nashville rumbo a una estación de servicio, una canción apareció en la radio y quedó dando vueltas en su cabeza. Apenas un acorde de banjo sostenido y un pequeño grupo de voces cantando al unísono. Folk, country, gospel. Una belleza desarmante cuyo origen Wagner nunca pudo identificar, pero que terminó marcando el rumbo de su próximo disco.

La búsqueda lo llevó hasta el lining out, una antigua tradición de canto comunitario nacida en las iglesias británicas y trasladada luego a Estados Unidos por los colonos. Un cantor entonaba una frase y la congregación respondía. Con el tiempo, aquella práctica se convirtió en una de las raíces del gospel, el country y el folk de los Apalaches. Wagner encontró allí una idea tan simple como poderosa: volver a poner la voz humana en el centro. De esa obsesión nació Punching The Clown.

Menos elementos, más emoción

El nuevo álbum reduce el universo sonoro de Lambchop a una formación mínima: voz, coros, banjo y guitarra. Y lejos de sentirse pequeño, el resultado tiene una profundidad enorme. Es música que no necesita levantar la voz para hacerse escuchar. Hay folk, country y gospel, pero también humor, melancolía, extrañeza y esa sensibilidad cotidiana que Wagner convirtió en una marca propia.

El banjo, curiosamente, ocupa un lugar central. Un instrumento que el propio Wagner había mirado siempre con cierta desconfianza porque, según sus palabras, tenía demasiado “yeehaw”. La solución fue convertir esa incomodidad en motor creativo. Para hacerlo contó con Justin Vernon, de Bon Iver, quien aceptó sumarse inmediatamente como intérprete de banjo. También participaron Andrew Broder, colaborador habitual de Lambchop; los coros dirigidos por Blake Morgan, grabados entre Eau Claire y Londres; el productor Ryan Olson y el ingeniero Mark Nevers.

Pero para Wagner no alcanzaba con encontrar un sonido nuevo. También había que encontrar canciones a la altura. El proceso fue obsesivo: estudió a algunos de sus compositores favoritos, leyó biografías, analizó métodos de escritura y se preguntó qué convierte una canción en algo capaz de sobrevivir al tiempo. Los primeros intentos no funcionaron. Volvió a empezar. Y otra vez. Hasta que el trabajo junto a Broder comenzó a abrir una puerta. Escribieron treinta canciones y doce llegaron al álbum.

Desde el primer verso de “I’m a human calculator, and I never make mistakes”, Punching The Clown instala un territorio donde lo absurdo y lo emotivo conviven sin pedir permiso. “Weakened”, primer adelanto, funciona como una suerte de himno para quienes intentan mantenerse en pie en un mundo que acelera demasiado. La voz de Wagner dialoga con los coros hasta desembocar en una coda de enorme intensidad.

“Doctor In The House”, “White People” y “To Do” vuelven a recorrer ese filo tan particular entre ironía y tristeza. “Stella”, en cambio, encuentra una emoción más desnuda: una canción sobre el amor y la amistad que conmueve justamente porque nunca fuerza el sentimiento. En “The New World Wave”, Lambchop cuenta una saga familiar situada durante la Gran Depresión y la envuelve en coros que remiten tanto a The Beach Boys como a The 5th Dimension.

El cierre llega con “No Chicago”, inspirada en una gira cancelada después del posible ictus de uno de los músicos. Wagner toma esa tragedia pequeña, cotidiana, y la transforma en una canción de belleza sobrecogedora.

El título del disco proviene de Punching The Clown, el falso documental de 2009 protagonizado por el compositor y humorista Henry Phillips, una película que observa con humor y melancolía el absurdo de la industria musical y la eterna sensación de ser parte de ella sin terminar de pertenecer. Una metáfora bastante precisa para Lambchop.

Lejos de repetirse o mirar hacia atrás, Wagner vuelve a reinventarse desde el lugar menos obvio: quitar en vez de sumar. Punching The Clown demuestra que la innovación también puede aparecer cuando desaparecen las capas y sólo quedan las canciones, las voces y aquello que todavía puede emocionarnos.

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