Entrevistas

Mota: “Esto no es sólo la banda tocando y el público cantando, somos algo integral”

La banda uruguaya regresa a Buenos Aires el 14 de noviembre para su segundo show en la ciudad, tras un desembarco arrollador. Hablamos con ellos sobre identidad, mezcla, escenarios y el vértigo de crecer a paso firme en ambos márgenes del Río de la Plata.

Hay bandas que aparecen para ocupar un espacio y otras que llegan para abrir uno nuevo. En Uruguay, donde el rock late con identidad propia desde hace décadas, Mota irrumpió con la clase de energía que no pide permiso: se mete, se planta y se queda. Formados en 2022, en muy poco tiempo lograron afianzar un sonido que mezcla el pulso del rock anglosajón de los 90 con una sensibilidad rioplatense marcada por el barrio, la lírica y la efervescencia del vivo. Su álbum debut, nominado cuatro veces a los Premios Graffiti y distinguido como mejor álbum de rock y mejor banda del año, fue el primer aviso de que algo grande estaba empezando.

Antes de Mota, hubo historia. Y mucha. Pablo Silvera fue durante más de dos décadas la voz y una de las columnas vertebrales de Once Tiros, una de las bandas más queridas y representativas del rock uruguayo desde los 2000. Con una mezcla explosiva de rock, ska, punk y una identidad callejera inconfundible, Once Tiros dejó hitazos en la historia del rock latino. Pero ese pasado, lejos de ser una sombra, funciona hoy como una base emocional y musical desde la cual Pablo se lanza a una nueva etapa: una que conserva su impronta, pero que se anima a buscar territorios sonoros diferentes y una energía renovada.

Los Mota pronto se convirtieron en una de las revelaciones de la escena uruguaya, dejando su sello en Cosquín Rock Uy 2023, 2024 y 2025, Durazno Rock, el Festival de la Independencia, Montevideo LATE y la Fiesta de la Cerveza de Parque del Plata. En 2024 consolidaron una etapa clave con el lanzamiento de su EP Equis y una nueva versión de “Fuera de Foco” junto a Lula Bertoldi, y cerraron el año con un show histórico al aire libre en el Anfiteatro Canario Luna, un ritual que confirmó la fuerza que hoy los acompaña.

Ese impulso también los trajo a Argentina. El 6 de junio aterrizaron por primera vez en el Salón Pueyrredón, sold out mediante, en una noche cargada de intensidad y reencuentros con una comunidad que los abrazó sin dudar. Al día siguiente compartieron escenario con La Chancha Muda en el Teatro Flores, con Lula Bertoldi como invitada, sellando una conexión musical y humana que trascendió la fecha. Con ese envión, Mota regresa a Buenos Aires para presentarse el 14 de noviembre en The Roxy (Niceto Vega 5542), reforzando un puente que promete volverse habitual.

En ese camino ascendente, los cinco integrantes de Mota -Pablo Silvera (voz), Matto Bello (guitarra), Leonardo Coppola (guitarra), Martín Pérez (bajo) y Martín Martistán (batería)- siguen expandiendo su universo sonoro y su alcance, con nuevos proyectos en marcha y un ojo puesto en las fronteras que todavía quedan por cruzar. Antes de este nuevo desembarco porteño, hablamos con ellos sobre identidad, mezcla, energía y el hermoso vértigo de construir una banda desde cero.

–El rock uruguayo siempre tuvo una identidad muy marcada, pero también una apertura enorme a lo latino y lo global. ¿Dónde sienten que se ubica Mota dentro de esa historia y esa mezcla?

–Es verdad que el rock uruguayo tiene una identidad muy marcada, pero también a nivel de todos los géneros. Es un país muy musical, y al igual que el fútbol también es como un país de exportación, o sea, un mercado chico de un millón de personas. En la historia de la música uruguaya siempre se salió para afuera, un poco por la necesidad de vivir del proyecto de cada uno, y sino también para llegar a otros escenarios y otro público, y eso naturalmente hace que surja esa mezcla de lo latino y lo global. Mota tiene su lugar ahí en la escena, tiene ese nativo de Uruguay que también está muy agarrado de la lírica y la melodía de Pablo, y quién sabe, de los 90. Se han instalado en las casas las canciones de Once Tiros. Mota también agarra esas influencias más «gringas» que hacen esa mezcla, el nuevo sonido de Mota, y bueno, como varias bandas uruguayas, es una banda de festival, decimos nosotros, de agite. Y bueno, estamos en ese proceso de empezar a explorar mercados nuevos y países nuevos, por eso en este momento estamos ensayando para Argentina, para nuestro tercer show.

–Muchos los conocimos por Once Tiros y hoy con Mota suena otra energía, más cruda, más directa. ¿Qué cosas querían dejar atrás y qué nuevas puertas se abrieron al crear este proyecto desde cero?

–Yo creo que en ningún momento hubo, o sea, un análisis de qué cosas dejar atrás y qué cosas incorporar a nivel musical. Sí, capaz, a nivel de dinámica en el trabajo. Tantos años en la vuelta, de ir madurando y aprendiendo nuevas dinámicas y formas de trabajo. Pero a nivel musical siempre tuvimos muy presente abrazar la historia, abrazar las canciones de Pablo en el momento de sentirnos, y bueno, naturalmente queda una fórmula incorporada en cuanto a lo que es pensar las canciones también pensando en el público. Como decías, es una banda del vivo, entonces también una cosa que tuvimos muy presente, sobre todo ahora que estamos por cierta apertura a componer un nuevo disco, es que nos dimos cuenta de que en las canciones del primer disco de Mota, incluso en el LP, esos momentos que son de interacción son vitales para el momento del show. Un poco porque el show lo necesita y un poco también porque nosotros necesitamos tener esos momentos de energía; nos debemos al público y entendemos que es algo único, como una pieza sola, no es solo la banda tocando y el público cantando, sino una cosa integral.

–Sus canciones combinan influencias que van del rock alternativo al funk y el punk, pero siempre con alma rioplatense. ¿Qué artistas o escenas sienten que los marcaron más, y cómo se refleja eso en la relación con su público?

–Es difícil definir una influencia, porque son tantos años que cada uno de nosotros, independientemente de si estuvo en proyectos con éxito o no, que anda con el instrumento colgado y con bandas y proyectos que, las influencias se han ido impregnando a través de la historia de cada uno. Sí hay influencias locales, del rock uruguayo, del rock rioplatense, del rock argentino, también lo que son los grandes de los 90, yo creo que es uno de los géneros que Mota propone. No en todos sus temas, pero hay como un tinte, una textura ahí más foofightera que se juntó junto con la historia de las melodías de Pablo, que es el canal que te lleva a la música uruguaya, al rock uruguayo. Yo creo que por ahí. Pero como banda sí es difícil definir, porque al ser un grupo de gente que, si bien nos conocemos hace tiempo, esta es una nueva agrupación, cada uno viene de su trinchera y, sin premeditarlo, de su género, y es lo que define el proyecto de Mota.

–¿Qué buscan generar en el escenario? ¿Cómo se construye la conexión con los nuevos seguidores?

–En realidad lo que buscamos en el escenario es un poco pasarla bien. Desde el inicio de este proyecto fue como el pilar máximo: estar bien, cuidarnos entre nosotros, cuidar la energía de la banda, construir nuestra propia sala para generar ese espacio para vernos, para ponernos al día y también para agitar esa semilla que hizo Mota. Y también entendemos que hacer ese trabajo como banda, después por transitividad, se muestra en el escenario. Y nos gusta tener presente ser una banda que sea enérgica, eso me parece que es importante, también un poco por el mundo y el mercado de hoy, que van por otros lados. Está bueno que también a los que nos toca hacer rock sigamos dando esa impronta energética y tener ganas, sobre todo. Y la construcción de los seguidores, bueno, por un lado es eso: transmitir la energía. Siempre está bueno dar ese aire fresco, es importante; no te garantiza tener nuevos seguidores, pero bueno, es lo que uno tiene para militar. Y después adaptarse y entender las nuevas formas de comunicar, entrar en todo el mundo de las redes sociales y de cómo lanzar un disco, un single, un EP, y bueno, también jugar ese juego que el mercado ofrece y dispone. Pero me parece que lo más importante es ser fiel con uno mismo, desnudar la identidad y pararse en el escenario y decir: “Esto es lo que soy”, y bueno, quien se quiera sumar, bienvenido. Y es mucho más fácil defender algo que es natural que defender una pose.

–Uruguay tiene una escena muy viva pero también muy independiente. ¿Cómo ven el momento actual del rock uruguayo y qué desafíos sienten que existen para que la música local cruce más fronteras?

–Sí, Uruguay siempre ha estado activo. Te das cuenta de que vas caminando por la calle y ves niños saliendo con la guitarra colgada de la escuela, así que levantás una baldosa y hay una banda. También sería un gran desafío porque es difícil dentro de Uruguay generar un público para todos los proyectos. Eso es un desafío que ocurre en todos los géneros. Pero de todas formas, siempre estuvo vivo el rock. Hay nuevas bandas de rock, hay nuevas generaciones que están haciendo rock, hay nuevos festivales hechos por jóvenes, se juntan en una plaza y hacen un festival independiente de rock. Me parece que sobre todo en estos tiempos es cuando el rock tiene para decir algo y generar esa… no la tendencia, que si bien hoy el sistema va para otro lado, el rock siempre está ahí, tirando vanguardia y ofreciendo esa rebeldía. Y los desafíos de cruzar fronteras siempre están presentes. Este es el tercer año de Mota y es el primer año que cruzamos a Argentina, porque siempre dijimos que el día que empezáramos a cruzar Argentina lo íbamos a empezar a hacer seguido. Entonces, por ahí hubiésemos podido cruzar en los años anteriores alguna vez, pero aislado. Pero para cruzar fronteras y desarrollar algo, tenés que hacerlo seguido, como si fuera una sala más de tu país, y trabajarlo y, bueno, como en todo proyecto de cualquier índole, invertir tiempo, ganas, la mira a nivel económico, generar una fuerza para sostener y transmitir el interior de la banda, hacer llegar la música, hacer llegar el encuentro. Pero lo que tiene es que ese desafío termina siendo la parte divertida también, y bueno, siempre encontrarse con esa adrenalina de incertidumbre de si te va a ir bien o mal, y encontrarse en momentos para que la banda se refuerce y se una, en las buenas y en las malas también. Son momentos que te unen como banda. Y es divino cruzar a Argentina y a otros lugares porque defender lo que hacés para un público nuevo es de las cosas más lindas de la música: encontrarte en ese momento con tus compañeros de banda, mirando el escenario, diciendo: “En esto estamos juntos”, y ver todos esos aspectos. Más allá de pensarlo por el lado del mercado, también pensarlo a nivel humano y de grupo.

 

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