Crónicas

Dillom hizo patria en Razzmatazz: La oscuridad ya no da miedo

El jueves 19 el músico y su potente banda dejaron todo en el escenario catalán, en medio de una gira española en la que se reafirmó el amor de este nuevo público.

Las abuelas solían decir que había que tenerles más miedo a los vivos que a los muertos. Y los millennials aprendimos que una persona con traje puede causarnos mucho más daño que alguien con piercings y tatuajes. Las corbatas dan miedo y Dillom juega a asustar. Por eso sale al escenario de la sala Razzmatazz de Barcelona con traje, como un señor, acompañado por la banda más potente del mundo, con el guitar hero Giuliano “Gringo” Tomattis a la cabeza, Franco Dolzani marcando el pulso desde el bajo y Santiago Ludueña a ocho brazos desde la batería.

Dillom y su banda buscan espantar: son fuertes, son potentes, no le tienen miedo a nada. El público también: las ollas de pogo no tienen nada que envidiarles a las fechas más polentas de algún Cemento en los noventas. Estamos lejos de Estados Unidos 1234 y a años luz de aquella escena, pero en la calle Almogàvers de la capital catalana están pasando demasiadas cosas raras para que todo pueda seguir tan normal. Dillom no es normal, su música tampoco. Por suerte.

“Cesárea” se define a “la operación quirúrgica que se hace abriendo la matriz para extraer a la criatura”. Se supone que la palabra cesárea proviene del latín Caesareus (perteneciente al César), referido a la tradición que sostenía que Julio César nació mediante este método quirúrgico. También, según la RAE, se vincula al latín caedere que significa cortar. Por cesárea (2024) es el disco que Dillom trae a Barcelona, la excusa de esta gira, y una catapulta hacia lo más alto de su carrera hasta ahora. Un renacer contranatura y fascinante. El disco es perfecto y él lo sabe, por eso lo enseña con orgullo. Pero en retrospectiva, otros trabajos (Post Mortem de 2021, Ad Honorem de 2023) crearon al personaje/artista que es hoy. Y al revés del latín, que se considera una lengua muerta, la de Dillom está más viva que nunca.

“Yo en este show voy a hacer lo que se me cante la chota. Estoy loco de amor por ustedes por eso les voy a dedicar este tema a todos vosotros” suelta en un momento random de la noche y así lo hace. “Coyote”, “Pelotuda” (“En Barcelona yo y los Ramones en NYC”), “Mi peor enemigo”, la noche pasa rápido, los temas corren, la banda explota y el cantante se saca y se pone la guitarra según corresponda, se sube los anteojos, se abre la camisa, transpira mucho. Dillom lo deja todo y la sala llena lo agradece a los gritos. Hay rock, hay rap, hay punk, Dillom es heavy por naturaleza y sus canciones juegan con todos los ritmos y una lírica que no afloja nunca.

Después de “Ola de suicidios” anuncia “Lo último de lo último y lo siguiente de lo próximo” antes de “Rojo profundo”, el single que lanzó hace poco más de dos meses. Llegan “Últimamente”, “Muñecas”, donde la gente se adelanta y canta en los huecos en los que él descansa.

Unos pibes corean “el que no salta es un inglés” y Dillom corrige la frase en vivo cuando empiezan “el que no salta…”. Él responde: “votó a Milei”. En el día en que la Argentina vive un paro general, suena anacrónico que estos jóvenes en este recinto catalán enfoquen su bronca hacia los ingleses, parafraseando un lema que tiene más de 40 años. Si bien las Islas Malvinas son argentinas y eso no se olvida, hoy el conflicto que atraviesa a buena parte de la sociedad es otro. “Si malo es el gringo que nos compra, peor es el criollo que nos vende”, como decía el escritor, político y pensador argentino Arturo Jauretche.

Dillom resignifica un viejo cántico de cancha asociado a la rivalidad histórica con el Reino Unido y lo trae al presente político: desplaza el antagonismo externo hacia una crítica interna, dirigida a quienes apoyan el rumbo económico actual.

El paro general del 19 de febrero de 2026 se inscribe en un clima de fuerte conflictividad social y económica. Las centrales sindicales convocaron a la medida en rechazo a las políticas de ajuste del gobierno de Javier Milei: recortes del gasto público, despidos en el Estado, reformas laborales y previsionales, y la pérdida sostenida del poder adquisitivo frente a la inflación. En ese contexto, la intervención de Dillom resignifica un viejo cántico de cancha asociado a la rivalidad histórica con el Reino Unido y lo trae al presente político: desplaza el antagonismo externo hacia una crítica interna, dirigida a quienes apoyan el rumbo económico actual.

Dillom mueve el foco de la escena: la bronca ya no se proyecta sobre un enemigo extranjero, sino sobre decisiones y responsabilidades locales, en medio de una Argentina atravesada por debates profundos sobre modelo económico, soberanía y justicia social. Y poco después anuncia: “Va dedicado para todas las chicas bonitas de esta noche”, antes de una versión punk de “Out of time”, un clásico de la factoría británica Jagger – Richards (Aftermath, 1966). Si Madrid fue ramonero, Barcelona fue rollinga. Y algo de eso hay.

“Cirugía”, “220” (la power ballad con solo incluido, que amansó a la fieras y encendió a la gente enamorada en el público), “Ciudad de la paz”, “Reiki y yoga”, “Buenos tiempos”, fueron algunos de los temas que se sucedieron todos al palo, sin respiro. Hasta que cayó el telón y empezó a sonar “My way” en la voz de Frank Sinatra. Que traducido al castellano de Dillom es igual a: “Lo que se me cante la chota”.

Foto: Gentileza Mariana Gómez

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