El desborde criollo que cura las heridas: Los Auténticos decadentes sirvieron fiesta en Razzmatazz
La banda argentina celebró en Barcelona los 30 años de Mi vida loca y convirtió la noche en una postal latinoamericana de pogo, nostalgia y descontrol.
En Barcelona ya pasadas las ocho de la noche, Razzmatazz vibra como un club de barrio. Besos, abrazos, encuentros. Se hace tarde, son muchos, se apagan las luces y se palpita la fiesta. Los Auténticos Decadentes salieron a celebrar los 30 años de Mi vida loca, el disco que terminó convirtiéndose en la banda sonora emocional de varias generaciones de latinoamericanos desperdigados por el mundo. Y el aguante sigue intacto.
Arrancaron con “Vení Raquel” y “La guitarra”, casi a capela por momentos, porque la gente directamente no dejaba de cantar. A las 20.15 la sala ya era un carnaval. Entre banderas de Colombia, camisetas argentinas de Maradona y vasos de cerveza en alto apareció “Somos”, seguida por “Cómo me voy a olvidar” y “Pendeviejo”.
“Buenas noches Barcelona, hoy jugamos de local”, gritó Cucho Parisi. Y tenía razón. El cuarto show de la gira española encontró a la banda jugando de memoria. “Corazón”, “Diosa” y “Viviré por siempre” sostuvieron esa mezcla tan decadente de romanticismo, murga y descontrol. El Perro Serrano miró al público y soltó una frase que resumió la noche: “Nos pasan por encima”.
Una celebración sin fronteras
Los Decadentes siguen siendo una banda fiestera, pero sobre todo un grupo de humanos que desbordan talento y cariño. Hablan con la gente porque los conocen de toda la vida, obviamente no uno por uno, pero sí saben qué piensa y qué necesita esa masa querendona que se acerca cada vez que la banda anuncia su llegada. Martín “La Moska” Lorenzo le preguntó a Cucho si había ido a la Sagrada Família o a la Barceloneta, pero entendió rápido cuál era el verdadero plan turístico de Parisi: “Hoy te vas de joda”. Después llegó “Besándote” y el primer pico emotivo de la noche en la voz de Diego Demarco.
No faltaron clásicos fundamentales de esa liturgia decadente como “Un osito de peluche de Taiwán”, “El pájaro vio el cielo y se voló”, “La chica del sur” y “No me importa el dinero”, canciones que ya funcionan como postales generacionales para buena parte del público latino que vive lejos de casa pero sigue encontrando en esta banda una forma de pertenencia.
Hubo cumpleaños doble, brindis colectivos y celebración por los 40 años de carrera. También homenajes: Luca Prodan apareció invocado con una versión de “Los viejos vinagres” de Sumo, mientras desde abajo alguien le pedía a Cucho una foto en Polaroid. Más adelante llegaría otro tributo emotivo con “Gente que no”, el clásico de Todos Tus Muertos dedicado a Pablo Molina, uno de los momentos más intensos de la noche.
Cuando sonó “Vení Raquel” se armó el primer pogo serio; con “El murguero” directamente explotó todo. Cucho bajó al foso y el “Francés” Gaston Bernardou comandó coreografías improvisadas desde la percusión como un director de comparsa. El cover de “Costumbres argentinas” encontró a muchos abrazados y cantando a los gritos. “Nosotros somos un colectivo que va por el mundo, no hay bandera, somos todos iguales”, dijeron antes de brindar “para que no haya guerra y estemos todos unidos”.
En uno de los momentos más espontáneos de la noche, Cucho resumió el vínculo de la banda con Barcelona: “Hoy es el mejor show de todos. No fui a la playa, no fui a ningún lado, pero acá siempre la pasamos tan bien”. La frase disparó otra ovación de una sala que ya estaba completamente entregada.
A pocos metros de Razzmatazz funciona un tanatorio. Un recordatorio silencioso de que todo termina. Cuando sonó “Sigue tu camino” también se encendió la alarma: el tiempo vuela y es mejor que lo disfrutes. Ahí está el secreto decadente. En celebrar mientras se pueda. En bailar aunque afuera todo sea un bajón.
El cierre fue demoledor. “La guitarra”, “Loco (tu forma de ser)” y “Siga el baile” transformaron la sala en un trencito interminable. Subieron chicos al escenario, el fotógrafo de la banda terminó cantando entre la gente revoleando una bander y nadie quería irse. “No nos vamos nada, que nos echen a patadas”, cantaba Razzmatazz entero mientras la banda seguía tocando.
Treinta años después del lanzamiento de Mi vida loca, Los Auténticos Decadentes siguen recordando algo simple y fundamental: la vida pasa rápido, así que más vale cantarla todos juntos antes de que se apaguen las luces.
Foto: Gentileza Mariana Torres – MgzMag Spain

