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“Ya no sos igual”, “Canción de Amor”, “Arrebato”, “Como caramelo de limón”, “Amor suicida”, “Demasiado tarde (La marcha)”… El disco que reúne a todas esas perlas del punk rock argentino es, claro, Valentín Alsina, el primer e icónico disco de 2 Minutos. Pasaron 25 años de ese debut discográfico, y como toda obra determinante para un movimiento (en este caso el rock no sólo de Argentina sino también el hispanoparlante) a medida que pasa el tiempo la leyenda se agiganta y es necesario revisitarla de todas las formas posibles. En este caso Walter Lezcano, periodista y escritor de más de 20 libros entre los que se destacan Días distintos. La fabulosa trilogía de fin de siglo de Andrés Calamaro y La ruta del sol, la trilogía de El Mató a un Policía Motorizado, indaga sobre el disco editado en 1994 con entrevistas a los integrantes y también a otros protagonistas periféricos, analizando el contexto en el que se dió. En Un regalo del diablo (lanzado por Editorial Vademecum) revaloriza la presencia de 2 Minutos y lo erige como “la piedra de toque” del llamado rock barrial, que dominó la escena argenta durante la segunda mitad de los años noventa. Para eso se apoya en los personajes que aparecen en Valentín Alsina, que le debe su nombre a la ciudad bonaerense donde se formó la banda. El muchacho de barrio que se hace policía, la chica que perdió a su amor en la Guerra de Malvinas, la clase obrera trabajadora que se revienta en la esquina los fines de semana, todo ese muestrario es el que despliega Lezcano en su material.

A continuación, como cortesía de Vademecum, un adelanto de Un regalo del diablo, el capítulo 10 en el que Mosca, líder y cantante del grupo, rememora los inicios de 2 Minutos y da una imagen certera de lo que era ser un joven a comienzos de los años 90 en la Argentina.

10.
Habla Walter Armando Mosca Velázquez

En la inmensidad de la noche, se escucharon gritos en el bosque

En el año 87 voy a ver a Los Casanovas. Era gratis y al aire libre. Tenían un temazo que decía: “Ella es un águila que viene por mis ojos”. Genial. Tocaban cerca del Jardín Japonés, al costadito en una plazoletita. Ahí, bueno: vino barato, puchito y música. Había varias caras que yo ya conocía por ir a recitales punks todos los fines de semana. Y encuentro un pibe que me dice: “Loco, yo te veo cara conocida a vos. ¿Vos sos de Valentín Alsina?”. “Sí, ¿y vos?”, le digo. “Nosotros también”, me contestó por él y la novia que estaba al lado. Me pregunté cómo era que nunca los había visto. Me contaron dónde vivían. Estábamos a nueve cuadras de distancia. ¿Cómo es que nunca nos cruzamos? Nos habíamos visto en muchos recitales, pero no teníamos idea de que éramos vecinos.
Al toque me preguntó si tocaba algún instrumento. Le conté que estaba cantando en una banda, pero el guitarrista se había ido a España y eso duró un pedo líquido. El pibe me contó que tenía una banda que se llamaba Caca Viva y que tocaba la batería, pero ahora quería armar otra cosa. Joya, dije, yo tengo un bajista. “Dale”, me tiró él, trato hecho.
Nos dimos la mano y dijimos de armar algo.
Nos tomamos quinientos vinos de cartón con él y la novia (creo que era Vinos Maravilla que auspiciaba las camisetas de Boca).
Te estoy hablando del 87.
Ahí mismo armamos la banda.
Teníamos la base y el cantante.
A la otra semana ya hicimos la primera juntada como grupo. Ensayábamos en el garaje de la casa de mis viejos. Pero teníamos una historia: no conseguíamos violero. Porque en Alsina en ese momento era otra onda: no los sacabas de Rolling Stones, Deep Purple, Led Zeppelin. Y con suerte, Creedence Clearwater Revival.
Esa primera formación fue Marcelo en la batería, Mosca en la voz y Papa en el bajo. Y después trescientos millones de guitarristas de Valentín Alsina que fueron pasando.
Yo siempre les pedía que toquen más rápido. Y nunca podían. Le pasaba los tonos de las canciones que teníamos compuestas y no los podían sacar como yo quería y fueron desfilando.
Pasa que eran locos de la guerra del barrio que tenían otra onda, otro background musical. Nosotros éramos punkis.
Papa ya hacía cosas y yo les metía letras.
Y en ese principio éramos unos adelantados: bajo, batería y voz. Otra que White Stripes.
Esa formación duró un tiempo.
Me acuerdo que las primeras canciones me parecían geniales. Estábamos re-emoción. Lo bueno fue que desde ese primer momento dijimos: hasta que no tengamos entre diez y quince canciones no salimos a tocar. Además, algo importante: nada de covers. Es el momento en el que hay que romperse el culo y pensar y laburar y pelar. No hay que agarrarse de lo que hacen otros, si no dedicate a tocar otra cosa.
Esa fue la piedra filosofal, que se me ocurrió a mí.
Es mi ley.
Y tuvimos que aguantar sin viola. No pegábamos violero. Hasta que a mí me echan de este colegio en Valentín Alsina y me voy a un colegio en Capital Federal, por el Abasto. Era el turno noche. Conocí gente interesantísima, a muchos me los cruzaba en los recitales punks. Como el cantante de Conmoción Cerebral, por ejemplo, que grabó en Invasión 88.
Un día pintó un pibe que tenía remera de Iron Maiden. Metalero. Me enteré que es guitarrista. Le dije que tenía un demo con diez canciones nuestras grabadas con batería, bajo y voz.
Ese demo lo habíamos grabado en una sala de ensayo del Bajo Flores, cerca del barrio coreano, donde también ensayaba Rata Blanca. Me acuerdo que íbamos los sábados a la mañana. Nos levantábamos re-temprano. Íbamos los tres de Alsina hasta Flores. Las diez canciones las grabamos a los tiros, en vivo, en una sola sesión. Y estuvo bueno hacerlo ahí porque tenías la posibilidad de grabarte y además éramos muy quilomberos y nos echaban de todas las salas. Ese chabón que nos grabó nos dijo: “Locos, ustedes tienen potencial”. Nos propuso grabar más seriamente algunas canciones y nosotros le contestamos que no porque no estábamos preparados para eso todavía.
Bueno, volviendo al metalero. Le pasé el demo. Lo escuchó y me dijo: “Che, está bueno”. De repente se cortó el pelo. Le dijimos que no era necesario si su corazón era heavy metal. “Todo bien”, dijo.
De golpe éramos cuatro.
Joya.
Empezamos a ensayar juntos.
Ahí ya estamos en el 88.
La primera fecha la tenemos el 9 de julio de 1989.
Tardamos dos años en salir a tocar.