¿Qué tienen en común Harry Nilsson, Los Redondos, una disquería en el centro de Buenos Aires y los estudios Trident de Londres? Todos esos factores, en mayor o menor medida, forman parte de una cadena de eventos que conecta dos canciones que comparten un mismo efecto sonoro, el de un motor de automóvil en pleno arranque. La historia comienza en 1971, en los Estudios Trident de Londres, donde Harry Nilsson registró Nilsson Schmilsson, su séptimo disco de estudio. Ese álbum resultó el mayor éxito de la carrera del músico americano, en parte gracias a “Without You”, canción cuya composición pertenece a los británicos Badfinger y que -tras la masificación que logró la versión de Nilsson- también fue grabada por otros artistas como Mariah Carey y Air Supply. Ese trabajo es, al día de hoy, el mejor resumen del camino irregular que fue la trayectoria del cantante, la mejor muestra de la potencia de su voz y su buen gusto para despachar canciones de corte folk pop con toques rockeros. Es el caso de “Gotta Get Up”, track que abre el álbum y que en 2019 volvió al ruedo al convertirse en la música que Diana (el personaje que interpreta Natasha Lyonne) escucha cada vez que regresa de la muerte en Russian Doll (¡Muñeca Rusa!), la exitosa serie de Netflix.

En Nilsson Schmilsson está también “Driving Along”, una balada mid tempo en la que, por 8 segundos, suena un motor de automóvil intentando arrancar. Portazo, primer intento, segundo intento y al tercero finalmente el vehículo se da a la marcha, partiendo hacia rutas imaginarias, mientras la voz de Harry canta sobre el vértigo en el que vivía por esa época (“Conduciendo a cincuenta y siete mil millas por hora” lanza en el estribillo, un equivalente a 9.1732.608 kilómetros por hora). También hace referencia a la poca empatía entre los seres humanos (“Puedes ver a todas las personas que parecen no tener nada que decirse. Cada día crecen más y más lejos el uno del otro, parecen no decir nada, parecen no ir a ninguna parte”).

Para continuar con la historia es necesario adelantar 20 años en la cronología. Para ese entonces, Nilsson ya está en el final de su vida, cercenado por los excesos, escupiendo sangre y con su voz totalmente arruinada. Sobre sus hombros pesaban las sombras de las muertes de Cass Elliot (la cantante de The Mamas and The Papas), el 29 de julio de 1974 y de Keith Moon (el baterista de The Who) el 7 de septiembre de 1978. Ambas ocurrieron en su apartamento londinense del 9 de Curzon Street, antro para juergas descomunales donde la cocaína, la heroína, el alcohol y el desenfreno eran moneda corriente. También las visitas de John Lennon, con quien en 1974 protagonizó el llamado “lost weekend” del integrante de The Beatles. Ese hecho hace referencia al día en que ambos fueron expulsados del célebre local Troubadour durante una actuación de The Smothers Brothers. En ese momento, Lennon y Yoko Ono estaban en crisis y el músico vivía un romance con su secretaria May Pang. Al ser abordado por los fotógrafos que sabían que estaría allí, decidió enviarle un mensaje a Ono. Cogió a May por el cuello y le plantó un beso en la boca, diciendo: “¡El secreto se ha desvelado!”.

Después de ese episodio, completamente borrachos, John y Harry tuvieron una pelea a trompadas con el mánager de la banda por faltarle el respeto a sus colegas, cantando obscenidades, mientras la música sonaba. Nilsson se lamentaría años más tarde: “Aquel incidente arruinó mi reputación durante 10 años. Emborracha a un Beatle y mira lo que pasa… Yo solamente descubrí a Ringo y John el Brandy Alexander, ese fue mi problema…”. El corazón del cantante diría basta el 15 de enero de 1994, en su casa de Agoura Hills, California, el mismo día que terminó de grabar lo que sería su último disco, una antología llamada Personal Best.

Pero antes de su fallecimiento, a miles de kilómetros de allí, se daría una casualidad que uniría a Harry Nilsson con una de las bandas más importantes de la República Argentina, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Casualidad que queda revelada hoy, 50 años después de “Driving Along” y a 30 de “Tarea Fina”, las canciones conectadas por el mismo efecto del portazo y el arranque del motor al tercer intento. El que confirma que es el mismo audio es Mario Breuer, ingeniero de sonido de La mosca y la sopa, el disco editado en 1991: “¡Sí, los escuché y son el mismo arranque!”, afirma ante Soy Rock sorprendido por el hallazgo. “Son efectos que se utilizan en cine sobre todo. Seguramente lo habrán sacado de un disco de vinilo, porque venían así, o en cinta. Yo lo saqué de uno de estos discos con efectos de sonido. Siempre que podía los compraba ya sea en el exterior o acá en Buenos Aires y este estaba en uno de ellos, uno que se llamaba Autentic Sound Effect Collection. Muy poca creatividad para ponerle nombre (risas). Este en particular lo compré en una disquería porteña, que estaba en Callao y Rivadavia, justo enfrente de la Confitería El Molino. Algunos eran muy truchos y otros zafaban, esta serie en particular estaba buena, de hecho saqué varios para otros trabajos”, relata.

La mosca y la sopa marca el comienzo de la relación entre Los Redondos y Breuer, vínculo que se extendió hasta el final de la discografía ricotera. Mario, uno de los ingenieros y especialistas en sonido más importantes del país, duda sobre cómo se dio la inclusión del efecto en “Tarea Fina”: “La idea de incluirlo en la canción seguramente fue mía, porque estaba muy hinchapelotas en esa época, muy enganchado con el tema efectos. De hecho, por ejemplo en ´Nueva Roma´ hay una parte en la que aparece un montón de gente gritando, vitoreando, justo antes del solo, y también lo incluí yo. No estoy seguro, pero si no fue idea mía, fue de Carlitos”.

Carlitos es el Indio Solari, y la duda de Breuer no es azarosa teniendo en cuenta que a lo largo de la trayectoria musical del cantante los efectos y samplers son una constante. Sin ir más lejos en El Ruiseñor, el Amor y la Muerte, su último disco solista de estudio, utilizó un sonido extraído de un banco de datos en italiano para la idea de “La oscuridad”, el segundo track del disco, donde reemplazó la voz original que dice “Me avicino, me avicino…” por la de la corista Luciana Palacios.


Aunque Mario Breuer afirma que todo es una “enorme y gran casualidad” (y posiblemente sea así), lo cierto es que Solari es un gran fan de Nilsson. En la Revista 13/20, publicada en noviembre de 1991, en plena etapa de promoción post lanzamiento de La mosca y la sopa, el músico habló de sus gustos musicales: “Yo me despierto y escucho la música de la vida, es decir todo. Desde Edith Piaf y Marlene Dietrich hasta el pop rock de estos días. Escucho de todo, pero están las preferencias del corazón. Con esto del compact disc estoy recuperando toda mi historia de rocanrol, al volver a escuchar a Paul Butterfly; Mick Taylor; John Mayal; Harry Nilsson, que es uno de mis predilectos. (…) Escucho de todo: grupos punk, tango… por ejemplo, me encanta como cantaba el Tata Floreal Ruiz. Mi preferido de todos es Harry Nilsson, un amigo de Los Beatles, de Lennon más específicamente, a quién acompañó en varias noches de borrachera, un tipo increíble que ha hecho una música muy descomprometida de los charts”. Irónicamente, además, Nilsson murió un 15 de enero, el mismo día en que Skay Beilinson, la otra mitad musical de Los Redondos, cumple años. En su biografía autorizada, (Memorias que mienten un poco, Sudamericana, 2019) Solari repasa así a “Tarea fina”: “Funciona como una especie de recreo. Algo que se vuelve necesario en el armado de un disco, cuando venís llevando mucho a la gente en una sola dirección. De otro modo, se convierte todo en una pesadilla. Si es posible, al final hay que tirar una ondita que abra una grieta en toda esa cosa desgraciada. (…) Lo ganador era la melodía, la gracia de Skay… Más pop que otra cosa el sonido”.
Podría tratarse de inspiración, casualidad, o un sonido que quedó en el inconsciente. Lo único que se sabe a ciencia cierta es que, a pesar de no tener las regalías de Nilsson, Solari y Beilinson, llegó la hora de reconocer al héroe anónimo que con su efecto pudo encadenar una combustión que terminó encendiendo el motor para dos hitazos que dieron la vuelta al mundo. ¿Le damos al fin la copa al vencedor?

El audio que usaron Harry Nilsson primero, y Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota después es “Car Sequence”, track 33 del Autenthic Sound Effects Vol 2, editado por el sello Elektra/Asylum Records. Ese álbum es una compilación producida por Keith Holzman, hermano de Jac Holzman, el fundador del sello. Keith ha trabajado como productor, asistente de proyecto e infinidad de puestos dentro de la industria de la música, incluso escribió The Complete Guide to Starting a Record Company, basado en su experiencia en Elektra.