“Las nominaciones a los Gardel son un mimo. En los últimos años, preferimos bajar las expectativas y concentrarnos en disfrutar del camino, que en este caso fue hacer el disco, con todo lo que supuso y todo el tiempo que nos llevó”. Mario Barassi expresa el sentir de los Super Ratones: la banda está contenta por este presente que, aun con la incertidumbre que reina en el planeta, los tiene en primera plana desde fines del año pasado, cuando volvieron al ruedo discográfico tras diez años de silencio. Diez años en los que pasaron cosas. Person, cantante, baterista e integrante histórico del grupo, falleció de cáncer. Otro amigo personal, Alberto Fernández, pasó del ostracismo político a convertirse en el presidente de nación. Hoy, Carreras de aviones, ese nuevo disco que proyectaban con Person en el grupo y terminaron sin él, tiene tres nominaciones a los Premios Gardel -Mejor grabación, Mejor álbum pop alternativo y Mejor video por el tema que da nombre al disco- y un cúmulo de melodías heroicas para presentarle batalla al futuro incierto.

A lo largo de la charla, Barassi repasa los pormenores del disco -tal vez, el más logrado y emotivo de su carrera- y lo atravesado en estos años, a la vez que nos cuenta cómo están sobrellevando la cuarentena.

-¿Cuán en serio se toman este tipo de reconocimientos, como las nominaciones a premios?
-El premio ya es estar entre los ocho mejores del año en las categorías que sean. Eso genera luz sobre el material. Son empujones que no deberías necesitar, pero sabemos que en este mundo que tiene música por todos lados, las posibilidades de escucharla no son muchas. Celebramos eso.

-Pasaron diez años sin disco nuevo y en el medio se impusieron las plataformas. ¿Cuánto pensaron en eso a la hora de publicar Carreras de aviones?
-Cuando estábamos haciendo el disco, con todo el trabajo que supone alrededor -el arte de tapa, los créditos, que exista físicamente-, sabíamos que todo se escucha y se visibiliza por las plataformas digitales. Nos recomendaban que lo lanzáramos en EPs o que saquemos de a una canción cada tres meses, pero nosotros queríamos sacar un disco como siempre, después de tanto tiempo y tantas circunstancias. Y veíamos que el disco era una especie de viaje cinematográfico, a mí me gusta verlo como una película. Yo soñaba con eso cuando reemprendimos la idea de hacerlo y terminarlo.

-Además ustedes comenzaron a hacer el disco con Person.
-Ya estábamos listos para hacerlo en ese momento. Pero habiendo pasado todo lo que pasó, no podíamos salir de otra manera, sacando canciones aisladas, porque lo que nos había pasado era un todo. Era un cúmulo de vida que se hicieron diez años, y eso se tenía que plasmar de la mejor manera y como nosotros sabemos expresarlo, por lo menos hasta ahora. Creo que vamos a seguir sacando discos de la misma manera, pero bienvenidas las formas distintas de difundir la música y todo tipo de arte el día de hoy. No reniego ni soy prejuicioso con eso, tengo avidez por las nuevas formas de comunicación, aunque entre con un poquito de delay. Pero incluso pensamos al disco en vinilo.

-Parece estar hecho para ese formato, como si tuviera dos caras de distinta intensidad.
-Ahora es una realidad, un disco físico que salió por Sony Music. Pero en su momento no sabíamos cómo iba a salir. Una de las posibilidades era salir independientes, y nos habíamos dicho: “Saquémoslo solamente en vinilo, que exista así”. El disco tiene una lógica que descubrí con el tiempo: para mí hay un lado A, que llega hasta la canción seis, “A remar”, y después empieza el B con “Me gusta la lluvia”. Se dio de casualidad, porque ni siquiera habíamos terminado de mezclar, y esa cosa cinematográfica de la que hablo se da sobre el cierre, cuando hacés la masterización y ponés los temas en orden.

-¿Volviste a escucharlo, o te liberaste del disco luego de publicado?
-Tengo etapas donde dejo de escucharlo un mes o dos, pero vuelvo a descubrir una canción y empiezo de nuevo. En este momento estoy enamorado de Carreras de aviones. Después de tanto tiempo sin publicar nada, me parece que es un disco que nos representa, en la actualidad y lo que hemos sido. Es un buen correlato de lo que nos ha llevado hasta ahora y estoy muy orgulloso. Obviamente, va pasando el tiempo y la revisión de ciertas cosas de la grabación es inevitable, pero los discos son una foto del momento. De hecho, cuando empezás a hacer las canciones en vivo, toman otra vida y se reversionan. Son vidas paralelas: al disco siempre podés volver y el vivo es lo que te evoca el momento, por eso es tan importante tocar para nosotros.

“Estoy demasiado encima como para verlo como un quiebre, pero sin dudas los últimos cinco años lo fueron. Y Carreras de aviones es parte, resultado de esos últimos cinco años”.

-¿Crees que Carreras… inaugura una nueva etapa en la banda? Más allá de lo obvio, la ausencia de Person, podría hablarse de dos quiebres en su historia: Autopistas y túneles sería el primero, y este, el segundo.
-No puedo separarlo de lo emocional. Es cierto que Autopistas y túneles marcó un quiebre en base a cómo se había dado la primera etapa de nuestra carrera, sobre todo la forma de plantarnos en el mundo. Hasta ese disco éramos una banda que miraba mucho para atrás, demasiado para mi gusto. Y eso se vio reflejado en Autopistas…: ni siquiera viramos al futuro, nos volcamos al presente. Dijimos: “Lo anterior ya está plasmado y no hay necesidad de repetirlo”. Y este disco también refleja una dinámica muy distinta. Estoy demasiado encima como para verlo como un quiebre, pero sin dudas los últimos cinco años lo fueron. Y Carreras… es parte, resultado de esos últimos cinco años. Así que puede tomarse de esa manera.

-Sobre el cierre de la grabación hubo un encuentro con Geoff Emerick, ingeniero de los Beatles. ¿Cómo fue conocerlo y trabajar con él?
-La masterclass de Geoff Emerick fue una experiencia maravillosa por muchas circunstancias. En primer lugar, porque fueron tres días completos de estar con él. El primero fue introductorio, de hablar sobre lo que era la grabación para él; el segundo día fue de mezclar; y el tercer día fue prácticamente para cerrar todo el proceso. Vimos la escuela. Eso fue lo que más me impactó y de lo que más aprendí, porque no es simplemente mover los botones. Estuvo claro desde el primer día, donde él tampoco tenía mucho interés en saber qué equipo se usaba. Nos decía: “Esta consola está más que bien, y lo importante es lo que tenemos en la cabeza, cómo lo traducimos con lo que hay”.

-¿Cuánto le sumó que la clínica fuera durante la grabación del disco?
-Fue algo muy fortuito, porque justo estábamos en el proceso de terminar de grabar, y un poco coronaba el camino que yo había emprendido -hacía un par de años en ese entonces- de decidir poner manos a la obra y grabar el disco, amén de la producción y demás. Y nos encontramos con un Emerick muy ávido de mostrarse. ¡No sabía cómo dar una clase! Iba a ser una prueba piloto, incluso para mostrar el tipo de masterclass que quería presentar por el resto del mundo, porque esa fue la primera, acá en Buenos Aires. Él quería saber qué queríamos saber nosotros, de él y de todo. No solo de las experiencias, sino de cómo plasmaba esta escuela. Y eso es lo que más me llevé, es un concepto muy difícil de explicar a menos que no estés presenciando la cuestión. Había una sensación, sobre todo desde el mundo técnico, de saber cuáles son las fórmulas: qué es lo que sube, qué es lo que baja, qué botones toca. ¡Y no fue nada de eso! Nos mostró que no funcionaba de esa manera.

-Además, en su época no había ni la mitad de los equipos y sistemas que hay hoy.
-Me hizo recordar la experiencia que tuvimos grabando con DJ Fontana, el baterista de Elvis, en 1993. Porque era así: todo lo que se logró fue más con cabeza que con recursos. Con DJ Fontana nos pasó que, cuando hablamos de grabar una versión de “Don’t be cruel” -canción que él grabó con Elvis-, nos preguntaba cómo queríamos que la grabe. Y le dijimos: “Con este tipo de batería, de técnica con los micrófonos, que seguro es parecida a la que usaron”. Y él tipo nos interrumpe y nos dice: “Esto no lo grabé con una batería”. “¿Cómo que no?”. “No, porque estábamos todos juntos en la misma sala y la batería se metía demasiado en los instrumentos de los demás. Esto lo grabé con un attache (un portafolios)”. Y eso que me sorprendió a los 22 años, dio la vuelta y llegó a mucho de esto que dijo Geoff Emerick. Para la gente que solo fue a buscar lo técnico, la fórmula, la clínica no funcionó. Fue esencial para este camino de hacer el disco.

“Y nos da tranquilidad tenerlo en ese cargo porque es una persona en la que confiamos, esencialmente una buena persona, preparada y con todas las luces para llevar el timón del barco en esta tormenta”

Mario Barassi sobre Alberto Fernández, amigo de la banda y Presidente de Argentina.

-¿Sentís que las letras del disco se resignificaron en este momento de pandemia? En particular, las que hablan del tiempo y el miedo.
-El tiempo siempre estuvo presente en mi cabeza, pero como misterio: cómo se resignifica y lo verdaderamente relativo que nos han enseñado que es, porque depende de las circunstancias y los estados de ánimo. Y eso sobrevuela el disco, y es un estado que se ha profundizado, por lo menos en mi cabeza o en mi consciencia, en los últimos cinco años. Cuando una persona tan cercana se muere, es imposible que no resignifique algo en tu vida. Ves la cuestión de lo efímero y sí, se termina. Person se fue a los 48 años, y yo siempre fui más chico que él, tenía cuatro años menos. ¡Y ahora lo pasé, tengo 49! Es muy loco. “Si no tuvieras miedo” y “Un minuto es mucho tiempo” son anteriores a saber que Person estaba enfermo terminal, estaba todo bien cuando surgieron esas canciones. Pero también tienen que ver, evidentemente, con un pulso de esperar que venga lo desconocido. Eso para mí tiene un valor distinto hoy, celebro lo desconocido. Por eso la canción: “¿qué harías si no tuvieras miedo?”. A ver: vivirías. Porque el resto es todo cárcel. Cárcel mental, de juicios que uno va acumulando a través de la vida y que te mantienen en un mismo lugar. Entonces, que venga lo desconocido, bienvenido.

-Lo desconocido te encontró en un país muy querido por ustedes: estabas en España cuando la OMS declaró al coronavirus como pandemia. ¿Cómo fue ese momento?
-Fue tremendo, porque esa gira promocional la teníamos pactada desde el año pasado, hacía siete meses que tenía el pasaje. La idea original no era que viajase yo solo, aunque por una cuestión de presupuesto era casi imposible que viajemos todos. Conforme fue pasando el tiempo y se acercó la fecha, quedamos en que iba en representación de la banda, y aprovechamos para armar unos shows. Tenía uno en Toledo, otro en Sevilla y otro en Madrid. Me subí al avión con todo enrarecido el 10 de marzo, y dos días después se declaró la pandemia. Alcancé a estar esos a full esos dos días. Con la guitarra en la mano y paseándome por Madrid, iba viendo de a poquito caer todo como un dominó. Y la paranoia de la gente, que cuando llegué no era tal, es increíble cómo cambió todo en solo dos días. Ojo, había barajado la posibilidad de no viajar, porque las noticias que venían parecían mucho más difíciles de lo que estaba pasando, y a la vez en el lugar de destino nos confirmaban todo.

-Fue todo de un día para el otro.
-El turning point fue cuando la OMS declaró la pandemia, ahí cambió todo (incluso para nuestro país). Hablaba con Lisandro, nuestro manager, y le decía que no me sentía cómodo diciendo que iba a tocar la semana siguiente. ¡Pero a él no le confirmaban las suspensiones! Cuando se confirmó, fue algo drástico: mandaron a todo el mundo para la casa. No podías conseguir nada, ni un barbijo, ni alcohol en gel, y en esas circunstancias me tuve que arreglar para volver al país. Al volver me recluí. Era consciente de lo que debía hacer, no fui a casa con mi familia. Pero me encontraba con que no podía asomarme al balcón, porque todo el mundo te miraba con aires de denuncia. Era como tener un señalador que te decía Vos sos el leproso, fuera. Son circunstancias en las que uno aprende en carne propia. Y el caso de Pablo, nuestro bajista, ya es un película: le llegó una propuesta para tocar en un crucero, le servía económicamente, y nosotros todavía no teníamos el disco. Se fue con la anuencia nuestra y, cuando tenía que volver, se encontró en un crucero donde se le cortó todo, en medio de la nada. ¿Cómo explicás eso? Son cosas que escapan a las palabras, no se pueden explicar.

-Otro aspecto difícil de explicar, porque lo conocieron en un contexto muy distinto, es tener como presidente a un amigo. En estos días incluso vio la luz la canción que Alberto compuso para Person. ¿Les cansa tener que hablar de él en las entrevistas?
-Lo de Alberto es increíble, pero ya es parte de nuestra normalidad. Si pongo las cosas desde la perspectiva del chico de 15 años que vivía en Mar del Plata soñando con ser músico, pasó muchísimo más de lo que hubiera imaginado que podía pasar: hablar con Jerry Lee Lewis y que te diga “Vayan a grabar a Sun”, conocer al baterista de Presley y grabar con él; tocar con Little Richard; conocer a Ringo Starr, Oasis, Blur, R.E.M. Lo de Alberto también es así. Nos hicimos amigos por la música, por su vínculo con Litto Nebbia [se conocieron en un homenaje al músico rosarino]. Eso fue hace 18 años, la amistad se fortaleció, y sucede que muchos años después es el presidente de la Nación. No nos cansa ni nos enoja que nos pregunten sobre él, para nada. Y nos da tranquilidad tenerlo en ese cargo porque es una persona en la que confiamos, esencialmente una buena persona, preparada y con todas las luces para llevar el timón del barco en esta tormenta. En este momento siento orgullo frente a cómo manejó el tema la Argentina, más allá de la tragedia de las vidas perdidas. Es claramente distinto respecto de otros países.

-Este año se cumplen 35 años de su fundación y 30 años del primer disco. ¿Tienen pensado celebrarlo de alguna manera, a pesar del contexto?
-La estrella momentánea son estas 12 canciones. De alguna manera lo estamos celebrando así, con un disco redondo, el décimo en la historia de la banda. La verdad, no sé qué va a pasar, cuándo tocaremos de nuevo. Hablamos por teléfono, pero no estamos haciendo música. Primero, porque volcamos todo en el disco: ahora armamos el segundo video de “Carreras de aviones”, surgió de la cuarentena, sin Pablo, lo hicimos para el Quilmes Rock. Y tenemos material previo como para ir sacando, cosas que tienen que ver con el disco: hay otro video completo que hicimos en España, e imágenes para hacer uno o dos videos más. Queremos que Carreras de aviones tenga la mayor vida posible, sobre todo si consideramos que esto es una especie de stand-by, de suspensión de todo. Ojalá salga una vacuna rápido, o tratamientos que hagan que no sea más complicado que una gripe normal, pero no podemos más que conjeturar y esperar. Mientras tanto, se está hablando del disco y tenemos la confianza de que si la gente tiene la oportunidad de escucharlo, le va a gustar.

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