Había una especial atención puesta sobre el recital de La Polla Records, en Santiago de Chile, por el contexto de rebelión social que vive actualmente el país transandino. A la vez, la productora del evento, Sabotaje Rock, lo presentaba como el show punk más importante de la historia del país y no era para menos: casi 30 mil personas se reunían para ver después de más de 20 años a la mayor leyenda del rock vasco, en este regreso y despedida. El contraste con la organización del recital llevado a cabo en La Plata, Buenos Aires, que vale aclarar terminó con represión policial en el momento en que algunas personas intentaron ingresar sin entrada, se palpaba apenas uno se acercaba al lugar. En el evento realizado el pasado 8 de febrero en la ciudad de las diagonales se podía divisar a la policía montada apostada en los alrededores del Estadio Único, carros hidrantes, un primer control a 800 metros del ingreso, otro de cacheo y el último en donde estaban los molinetes que leían el código QR del ticket. En cambio, en la comuna de Florida no había personal que palpara al público, sólo un control de entrada y no había máquinas que leyeran el código que validara la autenticidad del mismo. Por lo tanto, se podía hacer copias de los tickets electrónics que e ingresar sin ningún problema. De hecho, había varios revendedores haciendo un negocio maravilloso con una simple impresión.

A priori tenía cierta lógica la ausencia de las fuerzas de seguridad. La enormes fractura que hay entre la sociedad civil, y sobre todo de la juventud, contra Carabineros, producto de las decenas de muertos y heridos en las manifestaciones que conforman la gran revuelta popular chilena, que se encuentra actualmente en una etapa de baja intensidad, hacía presagiar un escenario de tensión constante que podía terminar en hechos de violencia. El problema es que los organizadores tampoco decidieron contratar personal de prevención ante cualquier situación que requiriese contención. Más allá de esa situación, en las afueras del estadio se vivían momentos de alegría y de celebración. Eran incontables los improvisados puestos de venta de alcohol, comida y merchandising de la banda. Dentro del recinto ocurría lo mismo: vendedores que llevaban bebidas en pequeñas heladeritas y hasta se podía ver botellas de cerveza de litro que daba cuenta de lo permeables que eran los escasos controles. Los cánticos contra Piñera y las banderas con consignas exigiendo la libertad de los presos políticos configuraban una escena que excedía lo meramente musical. El recital de la Polla Records significaba un hecho político en sí.

A las 19:40, minutos antes del horario estipulado la pantalla con una imagen de una cruz quemada sirvió como señal para que los músicos subieran al escenario y tocaran los primeros acordes de “Salve”. La lista de temas fue la misma que vienen utilizando en esta gira despedida “Ni Descanso, Ni Paz”. En esos minutos iniciales, el clima era de felicidad, emoción y camaradería. Si alguien se caía en el pogo, siempre había una mano para ayudar. El público se fundía en abrazos interminables ante cada tema que rememoraba un pasado adolescente y un presente de efervescencia pura. El ambiente festivo fue mutando a un exceso de algarabía que se trasladó al escenario con algunas personas que empezaron a subir al escenario. Evaristo, ya curtido en este tipo batallas, llevaba el asunto con bastante oficio, cediendo el micrófono al que quería cantar y dejándose abrazar. Hasta que la situación se empezó a desmadrar. “No me toquen el culo que no me gusta”, dijo el veterano vocalista dando la primera señal de que ya no la estaba pasando bien. El caos fue aumento con el correr de las canciones y el desborde del personal de seguridad era evidente.  Mientras sonaba “Gol en el campo” era tal el desborde que un pibe accionó un matafuegos contra el escenario y el sonido se cortó por completo, salvo el micrófono de Evaristo que intentó seguir cantando a capela por unos segundos. A partir de ese momento no hubo vuelta atrás. Los músicos se retiraron a pedido de la productora y los integrantes del staff intentaban resguardar los equipos e instrumentos de todos los objetos que no pararon de volar por largo rato. El piso utilizado para cuidar el césped de la cancha del Audaz Italiano eran unos bloques de plástico que se desencastraban con facilidad (el mismo que hubo en un recital de Slayer, en Makinaria Fest, en Argentina, en el 2012, y que resultó bastante peligroso para la integridad de los espectadores) y era arrojado por el público que quería que continuara el recital contra los que habían copado las tablas y no tenían intenciones de bajarse. Cada tanto el micrófono volvía a funcionar y se escuchaban diatribas contra el presidente de Chile, pedidos para que la gente se calmé e insultos contra Evaristo por no pronunciarse sobre la actualidad política de Chile, como si el cantante tuviese la responsabilidad social de un militante político. Por un momento, el deporte era ver quien estaba más a la izquierda en el sentido político de la palabra. Ya bastante dice Evaristo en las letras de sus canciones que han sido influencia para un montón de jóvenes para entender el funcionamiento del mundo. En un principio la desconcentración de la mayoría de los seguidores de La Polla Records fue tranquila, masticando bronca por un evento que se esperaba hace décadas. Pero pronto llegaría las noticias de saqueos en un supermercado destrozos y el emplazamiento de algunas barricadas de los que todavía tenían ganas de seguir siendo los protagonistas de la noche.  

La responsabilidad de la productora Sabotaje Rock es clara. Llama poderosamente la atención la poca cantidad de personal de prevención que estaba abocado entre las vallas y el escenario. Sobre todo en un recital de estas características en donde algunos integrantes del público tiene como costumbre subirse a cantar. Es inentendible como no previeron esa situación o directamente hay que pensar que prefirieron abaratar costos en un show que justamente no contaba con una entrada económica para lo que es realidad del pueblo chileno. “El evento cumplía con todas las medidas de seguridad y contaba con las autorizaciones correspondientes emanadas por la autoridad competente”, dijeron desde Sabotaje Rock, en un comunicado. Nada más alejo de la realidad. Pero esta no será la primera ni última vez que una productora priorice sus ganancias por sobre la seguridad del público. Lo más triste es que esta era una oportunidad para demostrar que se puede armar un concierto con este nivel de masividad, sin necesidad de policía y que se desarrolle en paz. Uno de los grandes temores del movimiento social que movió los cimientos estructurales de la hegemonía liberal en Chile es el retorno a la normalidad que condena a la mayoría de la población a una vida cotidiana impagable, con derechos básicos privatizados y con un Estado que sólo se hace presente para reprimir cualquier demanda. Romper la normalidad hubiese sido que Evaristo y compañía finalizaran su show y que la gente se fuese celebrando. Pero para que sucediese eso, cada persona que asiste al show tiene que poner voluntad para cuidar al que tiene al lado. Esa minoría que suspendió el concierto invadiendo el escenario no hizo más poner en riesgo la seguridad del público, plomos, organizadores y le dieron de comer a todos los sectores reaccionarios que esperaban agazapados que esto terminara de la peor manera para poder salir afirmar al resto de la población que el público de La Polla Records es violento y que las autoridades no debieron haber autorizado el recital, como se le escuchó decir a algunos comunicadores al otro día en los canales de televisión. Al final se termina por cumplir la desesperanzada reflexión de un cantor popular argentino que dice: “La yuta existe por ustedes”.

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