Entre tragos, cigarrillos compartidos en la vereda de la calle Gorriti, euforia y emoción, el público esperaba a Julieta Laso en la coqueta sala Lucille. Una noche de casi verano, en el porteño barrio de Palermo, la cantante estrenaba Martingala, al que ella presentó como su disco debut en solitario. Venía de años de ponerle la voz a la Orquesta Típica Fernández Fierro, pero esa noche estaba sola, con su propia orquesta. Julieta no estaba ni eufórica ni emocionada (eso vendría después). Julieta sentía que había perdido la voz. Falsa alarma: se prendieron las luces, se encendió el micrófono y el milagro ocurrió. La cantante cantó, una nueva etapa había comenzado.
Desde esa noche de 2018 a esta parte pasaron muchas cosas, canciones, invitaciones, shows, viajes. Martingala giró y Laso fue invitada por Sergio Dawi, Semilla Bucciarelli y Tito Fargo a formar parte por un rato de la Kermesse Redonda, el proyecto con el que los músicos reviven los temas de la banda a la que pertenecieron los tres, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. También se cruzó en Nueva York con Björk, la artista islandesa a la que le regaló un pañuelo verde a favor del aborto legal en la Argentina. Julieta también homenajeó a María Elena Walsh en el CCK y recibió un premio Gardel a la música en nombre de La Fierro, cuando ya no formaba parte del combo. Julieta no paró hasta que no le quedó otra: cuando en la Argentina se declaró el estado de emergencia sanitaria por el avance del coronavirus.
La llegada de una pandemia fue lo único que pudo ponerle freno a Julieta Laso, que pensaba tener un 2020 igual o más ocupado que los anteriores. La esperaban presentaciones en Buenos Aires, una gira europea, terminar de grabar dos discos. Ante la confirmación del confinamiento inminente, Julieta viajó inmediatamente a Salta, donde pasa los días muy poco conectada con el mundo exterior. Allí aprovecha a recorrer el campo, machete en mano, quitando malezas, preparando el terreno para, quizás, una estancia a largo plazo. “Esas cosas físicas hacen que llegue muy cansada a la noche y está bien porque acá no hay televisión y la noche se pone a veces un poco angustiante”, explica y no descarta en un futuro que esa sea su morada definitiva.

¿Te asusta esta pandemia?
–Por momentos me asusta, me agarra miedo, me da miedo por los seres queridos… Y me entristece mucho pensar en el golpe económico mundial que va a ser esto y todo lo que ello implica. También me da miedo el virus.

–El imaginario popular piensa en estos momentos como algo inspirador para los artistas, ¿lo es para vos?
–No creo, de hecho, con todas las personas que hablé que se dedican a escribir, por ejemplo, para ninguna de ellas es un momento inspirador. Obviamente todo el mundo está tocando, pero es difícil concentrarse. Yo no compongo, pero no lo encuentro inspirador. En mi caso cambió mi vida por completo porque estoy en La Calderilla, que es un paraje a 12 kilómetros de Salta, así que es campo y campo. Estamos viviendo lindos días acá, pero está la tristeza esa que no te la sacás.

–Muchos artistas utilizaron las transmisiones en vivo mediante redes sociales para seguir en actividad, ¿a vos te entusiasma eso?
–No es algo que me enloquezca, ni que me guste mucho hacer, pero sí lo estoy haciendo por salas independientes que me preocupa muchísimo que puedan seguir existiendo, como Casa Brandon, para quienes hice un live sin guitarra, sin nada, a capela, y con el CAFF, también. Hay que proteger esos espacios sino es imposible… Se están diciendo fechas para cuando vuelva nuestro trabajo que son bastante tremendas, para nosotros y para las aperturas de las salas. Se habla de septiembre y se habla de diciembre, entonces va a ser imposible sostenernos, vamos a estar todos muy golpeados y va a haber que ayudar a las salas independientes.

–¿El miedo es un disparador en tu caso o más bien te inhibe?
–El miedo fue un buen motor para tratar de no tener miedo, para lograr lo contrario. El miedo, en general, no me ayudó en mucho, pero el tenerlo hizo que lo desafíe. La mayoría de las veces que hice cosas importantes en mi desarrollo las hice con miedo, mucho miedo. ¡Siempre tengo miedo! (risas) Pero hay algo ahí, como una defensa que actúa, una cosa que me desafía a hacer las cosas igual.

–¿Tuviste miedo en un escenario alguna vez?
–¡Re! Yo tengo mucho miedo generalmente cuando voy a cantar. He tenido muchísimo miedo, imaginate cuando yo estrené con La Fierro, en festivales enormes, cosas que nunca había hecho. Cada vez que fui ocupando algunos lugares que fueron hermosos para mí tuve mucho miedo. Toqué en fiestas de camioneros, que eran como 600, todos hombres… Fui varios años ¡y les voy a mandar un beso! era para año nuevo, y… ¡no sabés lo que era ese asado! Yo arranqué cantando en todos lados, en cualquier antro cantaba. No solo canté en lugares que daban miedo, sino que yo también estuve ahí, dándole miedo a alguien (risas).

–Cantaste con La Kermesse Redonda y de inmediato te abriste a un público nuevo, ¿cómo lo sentiste?
–¡Impresionante! Ahora aparecen en mis shows muchos de los que me vieron ahí. Ya me invitaron varias veces y me encanta, es un gusto que me puedo dar porque es increíble. Estoy segura que cuando esto termine volverá a pasar, me gustaría. Cuando me invitaron, primero fue con Dawi y fue un honor haber participado de algo tan hermoso. Nos conocíamos porque con la Fernández Fierro habíamos hecho algunos cruces. Cada vez que voy es una fiesta.

Julieta Laso con La Kermesse Redonda cantando “El blues de la artillería”.


–¿Vos eras de escuchar a Los Redondos?
–Sí, bastante, a los Redondos los escuchaba. Con la Kermesse hice “El blues de la libertad” y “El blues de la artillería”, que me vuelve loca. Tocar ahí es impresionante porque cuando subís, el sonido, ellos, el público, todo es una cosa increíble. Mi hermano los escuchaba mucho a Los Redondos y los iba a ver, yo nunca fui, era más chica, una pena.

–¿Cómo fue tu acercamiento al rock en 2019?
–Estar en la Fernández Fierro me mantuvo siempre muy cerca del rock porque a la Fierro siempre iba a verlos mucha gente del rock, y nosotros solíamos hacer encuentros con Pilsen, Palo Pandolfo, siempre compartimos fechas con bandas de rock. Aunque mi disco no tiene nada de eso sí hay un perfil medio rockero en mí, entonces quedó esa imagen.

–¿Recordás el primer recital al que fuiste?
–Sí, y no era de rock, fui a ver a Mercedes Sosa. Y antes había ido a ver a Xuxa, porque estaba enamorada de ella (risas). No he ido lo suficiente a ver shows, iba más al teatro, ese era mi mundo, mucho teatro y mucho cine. A Mercedes la fui a ver cuando tenía 8 años, creo, fue en Ferro. Pero no vi nada en vivo, me arrepiento tanto de no haber visto otras cosas en vivo. Hoy pienso que me hubiera encantado.

A dos discos

Julieta Laso acaba de lanzar el primer single que formará parte de su segundo disco. En este caso eligió una versión de “Corazón de lobo”, un tema de Sandro, que ya venía cantando en vivo. “Ese y otros temas que tenía grabados serán parte de mi próximo disco, ya estamos trabajando en eso, hay cosas que me faltan grabar, así que me voy a dedicar a eso. Luego voy a empezar otro disco con Yuri Venturin (director de la Orquesta Típica Fernández Fierro) de tangos nuevos, que me tiene bastante entusiasmada. Así que primero vamos a estrenar este, el que tiene ´Corazón de lobo´, y después ese. Con eso me voy a entretener”, adelanta la cantante desde su cuarentena salteña. Laso no es fanática del ídolo argentino, pero siempre le atrajo y no descarta que parte de eso haya sido el juego teatral que Sandro generaba con sus canciones. Ella también es actriz, ¿habrá algo de eso en esta elección? “Dejo que la actriz se divierta”, asegura Julieta abocada completamente a la música. En su casa no había discos del Gitano, “se escuchaba más Violeta Parra, Teresa Parodi, Serrat”, pero claro que algún tema se colaba. “Este tema nos gustó mucho a todos en la banda: Alexey Musatov en violín, Matías Fernández Levy en la batería, Noelia Sinkunas en piano, Paloma Schachmann en clarinete y Cristian Basto en contrabajo. La orquesta se suena todo”, dice. Y, claro, es la suya.

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