Lucía Tacchetti es de Bahía Blanca, Argentina. Se instaló en Buenos Aires y en abril de 2015 lanzó Feriado, su primer EP. Dos discos y una extensa gira después, la cantante y compositora volvió a juntarse con el productor Juan Stewart para darle forma a ELETÉ, su tercer trabajo discográfico.
ELETÉ es una visión de lo que podría ser la música pop, el sonido de un futuro ecléctico y surrealista donde el amor romántico es divertido, pero complicado y se hace necesario encontrar refugios emocionales. Hay una coexistencia de lo duro y lo suave que no es una cuestión de contrastes, sino de complementos. Tacchetti logra fusionar los sonidos de una forma tan acertada que esas diferencias se vuelven efímeras en las primeras notas.
El disco abre con “Apagón”, una canción caótica y mesurada que relata el peso de sus acciones y hace una crítica bastante directa de la cultura hiper-conectada y la vida mediada a través de las pantallas. En su disco homónimo, St. Vincent hizo algo parecido y se preguntó cuál era el objetivo de dormir si no podemos mostrarlo y no pueden vernos. En “Apagón”, Tacchetti le contesta sin vueltas, hoy no está para nadie, apagó todo.
“Todo Está Donde Lo Dejé” continúa con la construcción de la narrativa del disco, de experiencias que nos transportan, pero nos recuerdan gentilmente que siempre hay un boleto de vuelta a la vida cotidiana. En “Gritan Fuerte” el sonido progresa a un ritmo elegante y uniforme, es una fusión perfecta de teatralidad emotiva.
La primera colaboración del disco aparece en “Laberinto”, donde Tacchetti se junta con la española Casero para crear una banda sonora ideal para soñar despierta. Pero luego un sintetizador zumbante te despierta y llega a un equilibrio ideal de tonos tenues y exuberantes. “Las colaboraciones son una parte fundamental de la identidad de ELETÉ, busco que las canciones sean la mejor versión de sí mismas, esa es la premisa”, explica Lucía. La mexicana Kirnbauer participa en “Honestidad”, cada nota de la canción suena limpia y nítida, un correctivo necesario para el aturdimiento de la rutina.
Todas las canciones del disco fueron compuestas por Tacchetti con excepción de “El Magnetismo”, un cover de Él Mató A Un Policía Motorizado. La cantante tomó los cimientos de la versión original y construyó una fantasía pop con sello propio. El resultado encarna lo que una generación criada en música electrónica está buscando en una banda de rock: franqueza emocional y simplicidad acompañada de una paleta de colores amenos.


“Invisible” es una composición con buenos ganchos y de una forma muy agradable hibrida los sonidos de las últimas décadas de la electrónica, es una revisión fresca de la nueva realidad del pop. “1K Agujas” es una colaboración con Isla de Caras. Las voces de Tacchetti y Lautaro Cura se condensan a la perfección en un sonido que, de a ratos, recuerda al dúo Beach House. Manipulan los detalles con la delicadeza necesaria para agregar algo de dramatismo al relato.
En “Creer En Nada” es el turno de la catalana Cabiria, que suma su respaldo coral y agrega textura a las ya camaleónicas voces de Tacchetti. El resultado es una canción pop ligera y pegadiza con una sensación de humanidad que reconforta.
El cierre queda a cargo de “Mandamiento”, una canción que pone en evidencia la constante búsqueda de Tacchetti de evolucionar como artista y pone al cuerpo como protagonista. Si bien la primera frase que se escucha en ELETÉ es “Siento todo el tiempo la certeza que las cosas pasan cuando menos las piensas”, a lo largo de las diez canciones que lo componen queda claro que hay mucho trabajo detrás del disco. Lucía Tacchetti dibuja motivos y delinea contornos, recurre a sonidos minimalistas para ir a lo grande en una escala íntima e introspectiva. Explora la tristeza del placer y el placer de la tristeza, y lo hace muy bien.

Foto: Gentileza Martín Pisotti.

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