Chaqueta Banda-10

Un bar en el barcelonés barrio de Gràcia fue el punto de inicio de la historia de Chaqueta de Chandal. Pero no fue bebiendo, sino del otro lado del mostrador. Allí coincidieron trabajando Guillem Caballero y Alfonso Méndez. Ambos venían de experiencias musicales anteriores, años de rodaje con más (o menos) éxito sobre sus espaldas. El germen de la idea de empezar a tocar juntos creció rápidamente y se completó con la llegada de Natalia Brovedanni, argentina y pareja de Alfonso. Todo lo que sucedió después es el camino de cualquier grupo independiente. Una noche armaron una letra y llegó el momento de entrar a un local a ensayar, encontrar los puntos en común y cuando se quisieron dar cuenta ¡pam! la química ya estaba ahí. ¿Y el nombre? “Guille lo planteó un día pensando nombres para el grupo, y a mí me fascinó, porque evoca muchas cosas”, asegura Alfonso. A su lado Natalia cita al humorista español Joaquín Reyes: “El otro día vi una entrevista donde decía que las palabras, para que tengan más gracia, deben llevar muchas CH. Por eso él tenía sus programas Muchachada Nui o La Hora Chanante”.

-¿Cuáles fueron las bandas que compartieron en ese inicio?
Natalia: Vivo acá en España desde hace 15 años, entonces mi cultura musical es más de España que de Argentina. Soy más de El Mató pero no tanto de Los Punsetes, pero porque los conozco desde que tengo 14 años, porque soy de La Plata y si me aportaron mucho musicalmente, me gustan un montón. Tenía un grupo antes y era más rockero, más noventero, nos gustaba mucho Sonic Youth, Pavement…
Alfonso: Yo la conocí a Natalia porque me hizo una entrevista. Tenía un grupo así, bastante infernal, ella trabajaba en la radio, le gustaba lo que hacíamos, quedamos para la entrevista y surgió el amor. Entonces también hubo conexión porque coincidíamos en muchas cosas. Yo vengo del punk y del hardcore americano, de Fugazi, de los Ramones y de los clásicos setenteros como Zeppelin o Hendrix. Los tres tenemos un abanico bastante amplio, no somos solo de un género. Al final sí hay mucho de La Polla Records en el sentido de que a los tres nos gusta el punkie y nos motivan las letras que nos hacen hervir la sangre, y nos encanta también la repetición del rock alemán al estilo Neu o Stereolab. Y la psicodelia también. A Guille le fascinan los coros, las armonías vocales como la de Los Brincos. Se nota mucho en el disco porque él a la que puede mete un coro y nos pone a todos a cantar.
Natalia: Yo me encargo de hacer canciones de dos minutos, llegan al ensayo y se convierten en composiciones de 7 minutos, porque según Guille siempre hay algo que añadir (risas). Y él hace de 10 y nosotros las acortamos. Así funcionamos.

-¿Cómo trabajaron las composiciones en Gimnasia Menor, su primer disco de estudio?
Natalia: En este disco hubo un poco más de mezcla. Guille es un músico muy pro, de toda la vida, toca increíblemente bien y canta. Es el único de nosotros que vive hoy de la música. Por ejemplo con “Moderno Resabiado…” yo llevé los acordes de guitarra y la letra surgió entre los tres, y fue Guille quien complementó los pasajes con su psicodelia. Después hubo tras que salieron en los ensayos, pero muchas las trajo él ya casi terminadas. Es rápido y bueno, trae letras, es nuestro genio.
Alfonso: Además es muy abierto a lo que sugerimos.
Natalia: Te hace sentir bien, porque a pesar de ser un crack te escucha. Es super democrático.

-La letra de “Bajón en El Masnou” parece hecha en una conversación por Whatsapp…
Natalia: (Interrumpe) ¡La hicimos en un bloc de notas! Nos paramos en la puerta del bar de Gracia y empezamos a anotar las frases que nos parecían divertidas.
Alfonso: Acabó con una lista con 80 frases. Las seleccionamos, las ordenamos para que tuvieran algún tipo de sentido, y ya.
Natalia: El video está hecho con imágenes de Creative Commons, esa base gratuita que se encuentra gratis en Internet. Lo hizo Néstor Noci. Le pedimos que sean imágenes cursis, de amor, y así salió.
Alfonso: Nos sorprendió mucho el resultado. ¡Hay gente que pensó que habíamos puesto drones para la filmación!

-¿Se consideran parte de una escena? ¿Lo ven como un encasillamiento?
Natalia: Inevitablemente sí, porque estamos en un tiempo y forma… Al final los que terminan encasillándote son otros. Hace poco un señor en Twitter, que no sé quien es, preguntaba que nombre debería ponerse a esta corriente de grupos con nombres tan peculiares como Chaqueta de Chandal, Carolina Durante, Camellos, Medalla… ¡Era de nombres! Pero bueno, ponele que sería “grupos que cantan en castellano que van de festivales a salas y que usan el punk como hilo en común”.
Alfonso: Yo me doy cuenta que estoy en una escena cuando te das cuenta que conoces a todo el mundo. Al final terminas teniendo alguna conexión con los grupos que salen, pero bueno, llevo tocando 25 años en total, así que al final te metes en la escena aunque no quieras.

-Pero más de allá de compartir salas o festivales… ¿hay una interacción desde lo artístico?
Natalia: Puede ser que no suceda tanto. Nosotros desde que empezamos con Chaqueta no colaboramos con nadie, por ejemplo. Sí nos juntamos para recitales, pero el tema colaborativo que decis vos no. Hay que entender que Barcelona no es un barrio como puede pasar con La Plata, en Argentina. Acá la gente viene y va. Entonces los grupos no están formados solo por gente local sino también por otra que por ahí mañana no está. Para mí eso hace que los lazos sean más débiles. Geográficamente estamos más distanciados también.
Alfonso: Sí que hay colectivos, que organizan conciertos por amor al arte, que montan salas para tocar… Es cierto que la tendencia es que han ido cerrando pero ahora parece que repunta.
Natalia: Nosotros empezamos hace relativamente poco, llevamos solo un primer disco. No queríamos colaboraciones desde el primer paso, pero ahora sí que empezamos a generar sinergias con gente. A mí me encantaría colaborar con otros grupos o que hagan cosas con nosotros.

-¿Cuánto ayudan realmente los festivales mainstream a las bandas emergentes?
Natalia: Sirven porque todos están pendientes de los carteles de los festivales, entonces hay gente que sí o sí te conoce de ese modo. Hay festivales que te ponen en el escenario. ¿Tocas en el Primavera? Vas a estar ahí. Alguien va a revisar toda la lista y te va a encontrar, te escuchará y bueno, le gustarás o no, eso ya no es tu responsabilidad. Pero sí es cierto que estar en tanta cantidad de festivales, te da algo de credibilidad, y la gente cree que sos algo mejor aunque en realidad seas una puta basura. Te da nombre.
Alfonso: Y poniendonos materialistas, por la experiencia que tengo, los festivales te dan la posibilidad de asumir los costes de ir a tocar a ciertos lugares, que cuando organizas por tu lado siempre terminas perdiendo dinero. Los festivales en ese sentido tienen más posibilidades de pagarte el traslado, el alojamiento, y aunque el cachet no sea muy grande, al final no te vas con menos dinero que el que tenías cuando llegaste. No es que nosotros estemos buscando el dinero, pero sí que al final a veces no vas a tocar a lugares para no perder lo que tienes. Esto lo facilita.

En una entrevista con Mondo Sonoro aseguraron que “El mundo de la música está fatal para el que quiera vivir de eso”. ¿Por qué? Más allá de la situación actual del Coronavirus, claro.
Alfonso: Estas cosas requieren de mucha suerte, de algo que no sabes como sucede. Después de 25 años tocando en distintas agrupaciones… ¿quien me va a decir que ahora voy a hacer todo lo que no hice antes? Y no es que no me hubiera esforzado antes, ensábayamos mucho, hemos tocado en 300 mil sitios, a lo mejor incluso es conocido o de culto. Pero ser de culto no te da de comer y al final las giras eran deficitarias, entonces te terminas cansando, porque te vas el fin de semana, dejas a tu familia, a tus hijos, y luego la respuesta que recibes es tan poca que te vas apagando, te quedas sin ganas.
Natalia: Además de eso, tiene que ver con las condiciones institucionales que tienen los músicos en este país, que incluso en Argentina hasta será peor. Me refiero a que aquí ha cambiado la ley, ahora exige que los músicos estén siempre asegurados, que estén dados de alta en la Seguridad Social para tocar. Si sumas los gastos de producción de un concierto, de ir a un sitio, más esa inversión para darte de alta como autónomo y facturar de forma legal, más la persona que te lleva la prensa, al final lo que te queda del cachet es simbólico, cuando no debería ser así. Es un pago por tu trabajo. Los que llegan y viven de eso son muy pocos. Más aún en el indie.
Alfonso: No tienes porqué gustarle a toda la gente o exigir vivir de la música, tampoco.
Natalia: Está bien, pero yo me refiero a que el estado tiene que apoyar, facilitar las cosas, que haya un tipo de subvención al trabajo artístico. Acá falta eso.
Alfonso: Eso sí. Pero yo no pretendo vivir de la música, no siento que deba ser así.
Natalia: El vivir de la música requiere de un colchón para que las cosas puedan funcionar mejor.
Alfonso: Y a nivel fiscal se deberían facilitar las cosas.
Natalia: También es dificil a nivel de obtener una regularidad, porque las salas cierran. Y los festivales que pagan bien son cuatro o cinco, que suceden durante un mismo espacio de tiempo, que es el verano. Tu grupo triunfa cuando puede mantener un circuito propio de salas, cuando vos solo llevas la gente que necesitas para ganar el dinero que te permite subsistir. Por eso la única forma es tocar en directo, porque se venden pocos discos y lo que cobras de digitales es muy poco y el proceso de cobro es lento. Tenes que tener alguien que te haga un seguimiento incluso de las apariciones en tele, porque también es un buen ingreso.

La historia de Chaqueta de Chandal en tres lugares

1. La Plaza Joanic (Gràcia – Barcelona): Siempre que salíamos del bar nos quedábamos en esa plaza que está cerca, donde hay mesas de ping pong y nos poníamos a jugar antes de irnos a dormir. Teníamos esa tradición y así empezamos, a base de cervezas y tenis de mesa. Salíamos un poco animados después de trabajar, y para no dormirnos directamente íbamos allí y aprovechábamos para hablar. En esas noches en la plaza de las mesas de ping pong aparecían personajes muy extraños. Claro, ahí enfrente hay un boliche de salsa y toda la gente que salía medio de reviente terminaba ahí. ¿Que hacían todos? Querían jugar al ping pong con nosotros, entonces siempre adoptabamos a alguien, algún “amigo del mal” como les pusimos nosotros. Gente que intentaba colarse a los partidos o te pegaba con una paleta (risas) Era divertido.
2. Sugar il·legal Fest (Vic – Barcelona): Es un festival gratis, que se hace a pie de calle. Lo hace la gente, nadie cobra nada, cada banda pone sus equipos en el medio de la calle. No hay beneficios ni perjuicios para nadie.
3. Comarca del Vallès (Barcelona): Son las montañas que están detrás de la ciudad. Todos nosotros vivimos por allá. Salimos a buscar setas, leña, tenemos unos árboles frutales. Visualmente suma para la inspiración musical, puedes ensayar en casa, nadie te molesta. Los vecinos están lejos.

En “Hablemos de mineralismo” reflexionan sobre como vivimos en sociedad y cuanto nos afectan las conspiraciones mundiales. ¿Pero cuales son sus conspiranoias favoritas?
Natalia: El terraplanismo. Me parece increíble, me fascina como concepto. No creo, pero me ví varios documentales, es tan ridículo que me atrae.
Alfonso: Hay un programa que se llama Cuarto Milenio, que es lo más grande en conspiranoias. Me podría enganchar de muchas de las que presentan allí. Una de ellas es que el SIDA no existe. Según la investigación que hizo esta gente, de la que participan médicos, afirman que es así porque nunca se pudo fotografiar el virus. Por eso dicen que no existe. Como que hay un virus de inmunodeficiencia, pero no es el SIDA.
Guille: Tengo una que es la de la muerte de Lady Di. La inteligencia inglesa, la reina que no la quería, que seguía siendo muy popular a pesar de no estar más con el Princípe Carlos… Pero no sé si es mi preferida. La que creo en serio es la de las Torres Gemelas. Les vino perfecto para poder invadir Irak, aunque el ataque parecía que vino de Afganistán.

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