Carca x Martín Bonetto

Carlos Carcacha, más conocido como Carca, pide “mil disculpas” por haber llegado tarde a esta entrevista por Zoom. “Se me re pasó que hoy era feriado y además ya estoy viejo para estas cosas virtuales”, reniega un poco sin perder amabilidad y cuenta que está encerrado desde que volvió de una gira por México con Babasónicos a mediados de marzo. Y cuenta: “Trato de no perder el tiempo así que me puse a pintar mi casa, aprender cosas nuevas, involucrarme más con algunos instrumentos. Eran todas tareas que tenía postergadas”. Estar aislado no significa estar inactivo para este artista que en más de 25 años de carrera las debe haber pasado todas. Carca, que arrancó con Tía Newton y terminó tocando con los Babas, y en el medio sacó ocho discos solistas, revela que la cuarentena no lo encuentra creando.

–¿No es una buena circunstancia para la inspiración?
–No. Soy amigo de crear para un disco o para un trabajo puntual, no soy un juglar, un trovador, un tipo con necesidad de decir cosas. Lo que sí, me gustan muchos los instrumentos, la literatura, y por eso trato que las letras sean una obra de arte en sí mismas.

–Igual estás editando singles. Ya sacaste “Silente; la Serpiente”, “La canción de amor” y ahora en julio se viene otro.
–Me entretiene esta cosa de sacar canciones, que iban a formar parte de un disco, de forma paulatina y que cada una tenga su lugar en el mundo. No como cuando cuando las sacabas todas juntas y algunas perdían valor. Yo no editaba canciones nuevas desde el 2012 cuando hice Carca registrada, que era una recopilación con cuatro canciones nuevas y algunas tuvieron una buena vida y mucha suerte, como “Luz de Blues”, que fue fue una de las más pasadas sin ser yo un artista de radios. Es más, creo que soy más popular que mi música. 

–¿Pensabas sacar así los temas nuevos o fue algo que surgió por la cuarentena?
–La idea era adelantar tres canciones de un disco nuevo. Pero puesto a atravesar toda esta situación, mi corazoncito me sugirió que sean más. Probablemente terminen siendo seis. Porque no me garpa sacar un disco que no pueda tocar en vivo, en el que las cosas se vean marchitas por factores externos. No me banco esa tocada de culo de la realidad. Prefiero que de este modo todas las canciones sean un disco en sí mismas y listo.

–Más allá de Diego Tuñón de Babasónicos, que metió un arpegiador, en “Silente; la Serpiente” tocás piano y sintetizadores. ¿Te considerás tan tecladista como guitarrista? ¿O te das maña?
Me doy maña con todo en general, no creo que la guitarra sea un instrumento donde yo hago “pa-pa-pa” y con los otros “pu-pu-pu”. No creo que sea un egregio guitarrista para nada. Me gusta mucho como hago sonar las cosas y las ideas que tengo. Pero no porque tenga algo cercano a una formación académica. Soy un neófito. Entiendo la música desde un lugar cero matemático. Cero escritura. Cero ortodoxia. Cero disciplina clásica. Es todo de oído. Y de caradurez, de sinvergüenza. Pero no soy uno de esos chantas antipáticos que creen que saber tocar las cosas. Lo que sí, hace más años que toco la guitarra que el sitar, entonces tengo menos torpeza en uno en relación al otro. Pero para eso está la cuarentena justamente. 

–Ahí de fondo estoy viendo una mandolina…
–La mandolina es algo más que tiene que ver con la guitarra, como el ukelele, como el banjo. Estoy en ese constante descubrir de nuevas formas de expresión y expuesto a la sorpresa constante. Me rompo el culo todo el tiempo para buscar eso que está escondido, esos secretos que tiene la música. Hasta el último día de mi vida voy a estar hurgando. 

–Tuñón también aparece como productor de “Silente…”, ¿qué aportó?
–Nos salvó porque la canción siempre fue en piano y queríamos hacer una canción de un ritmo simple, que no se moviera. Y entre idas y venidas con él se nos abrió una forma de orquestación que antes no habíamos podido encontrar porque era más parecido a una power ballad que no nos decía nada.

–¡Aguante las power ballads!
–A mí es un género que me vuelve loco. Si no te mueve una power ballad, estás muerto. Lo digo como fan acérrimo de Queen, que ahora parece que es lo más cool del mundo. Pero en mi época era como enarbolar la bandera de lo más grasa que se te pudiera imaginar. Lo menos arte que había. Pero el tiempo demostró que la gente estaba equivocada. 

-Incluso “Rapsodia Bohemia” era medio un cocoliche cuando salió. Ahora con el diario del lunes es fácil decir es una obra maestra.
-Ahí lo que hay que aplaudir es la sinvergüenzada de haberla hecho. Además cómo debe haber sido visto Freddie en esa época. Yo viví en Europa y sé cómo se trata a los paquis. Para mí es uno de los errores fatales que tiene la película, que no lo muestran tan maricona como hermosamente era. Eso era divino. Tenía ese charm, además de su música, de cómo cantaba y de toda esa sabiduría para ensamblar voces, con todo ese background de Bach y Mozart que tenía por sus lecciones de piano.

“Durante muchos años, para tratar de ser mejor, fui en busca de la canción de rock perfecta”

–“Una canción de amor” y “Silente…” superan los 5 minutos de duración y en ambas hay momentos instrumentales, de experimentación, que es algo bastante tuyo. ¿Vos cómo lo ves?
Sí, yo le puedo hacer caso a mi naturaleza y hacer una música muy free y experimental, y eso me sale solo, o también puedo querer enfrentarme a riesgos y tratar de ser mejor en otros aspectos, como lograr ser hacer una canción pop con estribillos. Durante muchos años, para tratar de ser mejor, fui en busca de la canción de rock perfecta, más allá de lo que después haya podido consolidar en los discos. Pero era más que nada un rock distinto sin que sea una música extraña de escuchar. Que fuera amable. Amable para el rockero, no para una abuela. Hay un punto en que el músico hace lo que quiere y lo que quiere a veces son cosas muy distintas. 

–¿Sentís que hiciste un camino al costado de la industria?
–El costado no es nada. Es un invento de la parte comercial del rock. Que no está mal, está perfecto. Pero para qué luchar por la inclusión en ese podio si yo nací con otras características. De pies a cabeza. Voy a desvivirme y ser feliz mostrando lo que vino conmigo, que es otro tipo de música y otra manera de ver las cosas. 

–¿Te seguís auto definiendo como “un hacedor de fantasías sonoras” dentro de Babasónicos?
–Mirá, uno está ahí manipulando todas las energías posibles para que se concrete una situación. Creo que, después del cantante, es el mejor rol porque me dieron el regalo de poder surfear sobre canciones bastante ya hechas. Es como la cereza de la torta. Lo más maravilloso de eso es que ese rol termina siendo necesario. Y eso es la gloria. Cuando vos ubicás algo a último momento en grandes canciones como las de los Babas, que son obras de artes, cuando colaborás con policromías, paletas de colores, y terminan siendo leit motivs, es una maravilla. Por eso tengo el tupé de calificarme de ese modo. 

–¿Te imaginás presentando estas canciones en streamings en estudio o en playones con autos?
–Las dos cosas me parecen interesantes. Pero si me lo preguntabas antes de este disco, te hubiera dicho que antes prefería suicidarme. Porque mis conciertos siempre tuvieron una cosa de decibeles muy fuertes, un rock aplastante, un boogie-boogie que te mueve la patita, pero ahora busco una situación más tranquila en cuanto a cómo pretendo que la banda aborde esa música, quiero que sea una situación más prolija que antes, más medida, menos estridente. Pesada desde otro lugar: grande, pero con mas aire. Entonces ya no necesito tanto esa presión del sonora explotando contra la cara de la gente. No lo vería tan desvirtuado si tuviera que ser visto por una pantalla o desde adentro de un auto. Habrá que adaptarse y cumplir con las normas de cuidado del público y de la banda. Pero tampoco puedo aceptar que sea una situación ideal. Vos podés tener una super tele de 78 pulgadas y un re equipo 360 con sonido polifónico, y ahí quizás está bueno. Pero después hay un pibe con una compu y dos parlantitos. Además, el show vivo es un ritual con los demás.

Carca x Martín Bonetto

–Hace poco defendiste en público al Bebe Contepomi, que fue atacado en redes por supuestamente estar drogado haciendo una nota. ¿Por qué te salió?
Porque fue muy multitudinario lo del Bebe. No pasa por no poder hacer chistes, si no por enaltecer un poco el arte de la comunicación, del diálogo. Si tenés un papel en blanco, escribí algo lindo. ¿Para qué usarlo en algo mala leche? Demostremos que como sociedad somos algo mejor. Yo salté a defenderlo ese día a él, pero los gestos abominables de nosotros en conjunto son constantes. Es un adormecimiento cerebral constante y ofensivo. Y desalentador. Además sé lo sensible que es el Bebe y lo bien que le hace que la gente lo quiera, entonces no quería que ese revés lo desacomode en medio de toda esta situación que estamos viviendo. El mundo está mal por eso. Porque la gente no sabe qué decir y llena los espacios vacíos con pelotudeces.

–Hay además toda una cosa de ser medio vigilante con el otro, ¿no?
–La gente que le escribió eso al Bebe es gente de mi misma edad o más jóvenes. Y que reflejen tan oscuramente esa cuestión de señalar, buchonear, me parece que no da. Pero esa es la misma gente que después también enaltece al rockero drogón y reventado. Al PIty, más allá de su talento, le festejaban su rotez, que se estuviera muriendo. Y así terminó. Le hubiese venido bien un buen consejo  y no tanto el aplauso de los pelotudos que ahora están tranquilos en sus casas disfrutando. Y él fue el mártir que no pudo parar. Lo mismo con Luca o Ricky Espinosa. Es una mierda la necrofilia del rock. También somos bastante fachos en el rock, que si esto es rock, que si no, y lo único que hacemos es segmentar todo constantemente.

–El problema con la virtualidad es que no hay que sostener en la realidad lo que se dice. Si vos le decís lo mismo a alguien por la calle, cabe la posibilidad de que te peguen una piña en la cara.
–Por ejemplo, yo con mi apariencia he tenido que ser bastante malevo en la vida porque me tenía que defender. Quizás alguno pasaba y se me cagaba de risa y yo le tenía que decir “¿vos te miraste estúpido? Oficinista hijo de puta y la puta que te re mil parió”. Y el otro , todo temblando, “no, no, perdón, me estaba riendo de un chiste viejo”. Bueno, esos son los seres humanos que invisiblemente van mierdando el mundo con su mediocridad. 

LA HISTORIA DE LA FOTO CON MESSI

“Ya es tan popular, y ha pasado tanto tiempo de esa foto viral, que se mitificó de una manera que a veces hasta cuentan otras cosas. Estábamos en Bariloche y veníamos de tocar en un club de bomberos con Babasónicos, había sido temprano el show. Llegamos al hotel y nos dijeron que enfrente, en el Roxy, tocaba Emma Horvilleur, así que cruzamos y nos mandamos. Ahí nos encontramos a Messi en la puerta siendo obstaculizado por dos patovas. La verdad que era gracioso verlo de atrás porque al lado suyo parecían aún más grandes y no los podía eludir, era como intentar atravesar atravesar una pared. Pero Lio no lo hacía de mala manera, estaba esperando que alguien le haga un guiño y lo hicieran pasar. Entonces llegamos nosotros y alfombra roja total, entonces le dije a uno de ellos “boludo, está Messi”. ¡Y no se habían dado cuenta! Se querían morir, pobres. Entonces entramos todos juntos y yo no lo quería molestar, soy medio fóbico en ese sentido, porque me pasa que a veces me hablan un montón a mí, me quieren comer el coco con boludeces, no me quiero imaginar a él que es famoso de verdad. Pero un amigo nuestro, que es encantador para el arte del diálogo, se puso a hablarle y la mejor, se terminó sentando con nosotros. En un momento aparecieron unas rubias que se querían sacar una foto, medio que se le tiraban encima y lo manejamos bien para que no le hicieran ninguna cama. No era una selfie común y corriente. Yo igual estaba recontra loco viendo las luces de la discoteca, estaba re en otra, tranquilo, soltando el muñeco como decía Olmedo: ese momento de ocio después de tocar. Encima yo tengo menos fútbol que no sé qué, tengo mi equipo, pero de Messi soy fan porque es capaz de hacer cosas que nadie más puede. Eso es único y maravilloso. Cada tanto nos mandamos cariños y saludos, porque esa noche lo hicimos cagar de risa, aunque no hablamos nada serio, nada relevante. Y en un momento vino uno de los encargados del lugar, que nos había tratado excelentemente toda la noche, a preguntarnos si podíamos hacer una foto y así como estábamos nos paramos y nos la sacaron con Lio y con Adri. Esa foto nos llegó mucho después. Vino ese encargado a un show con un par de copias para nosotros y yo se la regalé a mi sobrino chiquito, que creía que yo era Dios por eso”. 

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