Angel Olsen 3

Adoptada a los tres años, Angel Olsen creció en St. Louis, Missouri, fue la más joven de ocho hermanos. Ella atribuye la diferencia de edad con sus padres adoptivos a su amor por la música de los años 50 y su madre con el talento adquirido para “hacer comentarios oscuros y luego sonreír”. Su tío biológico le regaló un pequeño teclado Yamaha en el momento de la adopción que ella llevaba al baño para ensayar con su grabadora de casete. Cuando Olsen tenía 20 años, se mudó a Chicago y se sumergió la escena DIY de rock alternativo. Tocaba pianos gratis en la Biblioteca Harold Washington y pasaba discos de Everly Brothers a través de un pedal de reverberación, mientras fumaba porros en el techo de su apartamento. Lejos de casa, sintió que su voz crecía.

En esta ocasión, la cantante volvió a Barcelona con All Mirrors, su último disco, que -aclamado por la crítica- se metió en todas las listas de lo mejor del 2019. Olsen subió al escenario de la Sala 1 de Razzmatazz con un elegante vestido negro, los ojos delineados bien grueso y su característico peinado de los años cincuenta. Como un ser etéreo, enseguida se acomodó entre las luces que la rodeaban, colocándola en una sombra como una figura angelical que se detenía sobre su teclado. Sobre el escenario, también la acompañó una banda compuesta de violín y un violonchelo además de los instrumentos tradicionales. Detrás de ella, el telón de fondo de una gran escalera; realzando perfectamente la elegancia de su música.

La música eligió All Mirrors para abrir el set y luego de tocar “Spring” e “Impasse”, el momento más alto de la noche llegó de la mano de “Lark”. La voz de Olsen posee un rango intensamente dramático: en un momento apenas está cantando, como si soltara palabras deprimida, casi susurros. Al siguiente, es una heroína trágica de una epopeya griega, mesurada, pero dejando que la emoción le atraviese la garganta como un tren a toda velocidad.

A lo largo de la noche conversó bastante con el público, contó algunas historias y comentó lo difícil que es escribir diferentes tipos de canciones y juntarlas todas en un set. Lo cierto es que Olsen se las ingenió muy bien para acomodar sus canciones viejas al sonido de All Mirrors. Su anuncio de que iba a tocar algunas canciones viejas esta noche fue recibido de inmediato con solicitudes a los gritos por parte de la audiencia. “Tocaría ese”, respondió Angel, “pero no lo ensayé”. La cantante tiene un gran sentido del humor.

Los gritos más fuertes de la noche vinieron de la mano de “Shut Up Kiss Me”, de su disco anterior. La canción con un guiño al pop de los años 60 fue un pilar fundamental en el éxito de Olsen. Poco antes de terminar, presentó a su banda y todos juntos tocaron “Endgame” y “Unfucktheworld”. Y luego, con una sonrisa y un saludo, ella se bajó del escenario. La gente estaba muy entusiasmada con lo que habían visto y la ovacionó a esperas de un bis. No tardó mucho en volver al escenario para interpretar “Chance”, dejando atrás la guitarra y el teclado, para deslizarse por el escenario mientras coqueteaba con el micrófono al ritmo de la balada.

“Chance” fue primero. Se sintió como ser testigo de un viejo programa de variedades filmado para la televisión en blanco y negro. Dejó atrás todas las tareas de guitarra y teclado y se deslizó por el escenario, agarrando el cable de su micrófono con la otra mano, mientras coqueteaba con la tierna balada. El poder de su voz, su presencia en el escenario, los músicos y la iluminación se unieron de un modo perfecto para crear un ambiente etéreo. La atmósfera que se sintió en Razzmatazz fue suficiente para transportarse a las profundidades de la mente, dando como resultado una experiencia algo perversa e increíblemente divertida.

Foto: Gentileza Indi van Vega